Josefa Molina – Figuras jugando en el cielo

Figuras jugando en el cielo


Desde que contempló cómo las bombas caían del cielo y destruían el bloque de viviendas bajo el que quedaron sepultadas su madre y sus dos hermanas, se acostumbró a fijar la vista en el suelo intentando localizar cualquier cosa que pudiera sostener el ejercicio de supervivencia en el que se había convertido su infancia: algo para comer, una manta con la que abrigase, un recipiente en el que almacenar agua.

Las pocas veces que levantaba la mirada para fijarla en el techo de la habitación maltrecha en la que se refugiaba cada noche, sus ojos se perdían en cualquiera de las grietas que atravesaban la escayola como ríos hambrientos de destrucción. Le gustaba imaginar que los desconchados eran pequeñas ciudades habitadas por seres diminutos y las grietas, enormes serpientes sinuosas dispuestas a devorar a cualquier ser viviente que se encontraran en su camino.

Una noche otra bomba cayó, destruyendo parte del techo. Fue entonces cuando descubrió que allá, en el cielo, brillando entre el humo con olor a azufre y pólvora quemada, una osa pequeña jugaba con otra mayor y una cometa flotaba libre en el firmamento. Sonrió al contemplar a un toro y a un león jugando alegremente al pillapilla.

Desplazó a un lado los cascotes que aprisionaban su cuerpo de niño y contempló con asombro al luminoso ser mitad hombre, mitad caballo, que le invitaba a subirse en su lomo y volar juntos hacia las estrellas. Él, sin dudarlo ni un momento, aceptó.

Josefa Molina

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