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‘El invitado amargo’ de Vicente Molina Foix y Luis Cremades

Una reseña de Rubén Mettini

En el año 2012, unos ladrones entraron en la casa de Vicente Molina Foix estando él de viaje. Los atracadores revolvieron el piso, abrieron cómodas y armarios, dejaron desparramadas por el suelo varias cajas. En una de ellas, él escritor se encontró con la que contenía la correspondencia mantenida con Luis Cremades, un joven poeta alicantino con quien había tenido una intensa relación a comienzos de la década del 80. La lectura de las cartas lo llevó al recuerdo del profundo amor que había sentido treinta años atrás.

Un mes después, Molina Foix le mandó un correo electrónico a Cremades con una propuesta: escribir un libro con el soporte de las 24 cartas que los dos se habían intercambiado en aquella época pasada. Cremades fue reticente, se hallaba algo alejado del mundo literario, trabajaba como consultor en recursos humanos. En esos largos años, no volvió a escribir poesía. Finalmente acepta y va naciendo este libro maravilloso que me tuvo muchas noches sometido a su encanto.

A comienzos de los 80, un joven de 18 años, muy atractivo e inteligente, se traslada a Madrid para estudiar Sociología. Interesado en introducirse en los ámbitos literarios, le escribe una carta a Luis Antonio de Villena. Se encuentran en el Café Gijón. Después de esta charla, de Villena le sugiere conocer a Molina Foix, cuando el escritor tiene 35 años. Se conocen y se establece una fuerte historia de amor, nutrida y enriquecida por las cartas que se escriben. La novela se muestra como una biografía de los dos amantes, con posibles elementos de autoficción. Aparecen los momentos dulces, así como también la desconfianza, los malentendidos y los celos. La escritura de Molina Foix está llena de incisos y aclaraciones, se vuelve más difícil de leer, mientras que las cartas de Cremades son más claras y diáfanas. Tenemos la sensación de que el joven escribe con el corazón en la mano y adora al escritor quince años mayor que él que ya es bien conocido en los círculos literarios.   

El precioso título del libro, El invitado amargo (Anagrama. 2014), proviene del poema narrativo Venus y Adonis, de Shakespeare, de un fragmento que dice:

«¿No desearían que el banquete durara para siempre, y que la Sospecha cerrara con doble seguro la puerta, para que la Celosía—ese hosco e incómodo invitado—, al colarse, no viniera a turbar el banquete?»

Molina Foix vive atenazado por los celos, desconfía del joven, sufre la sospecha de las infidelidades del otro, sin saber nunca sin son presunciones con alguna base real o solo fantasías de su cerebro.  

Treinta años después, los dos han escrito separadamente el libro, sin verse, sin encontrarse, sin tener idea de lo que el otro diría en esos capítulos. Una decisión consciente para que cada uno pudiera recordar aisladamente, poniendo en relieve lo que cada uno evocaba de aquel pasado. Cuando el otro recibía la carta, el capítulo escrito, era una sorpresa, desconocían las vicisitudes que el amigo expresaba de su propia historia. Los capítulos alternan los nombres de ellos dos: Vicente y Luis. A pesar de este desconocimiento, el libro tiene una singular coherencia. No solo nos adentramos en esos dos años de pareja, sino que también penetramos en la vida de cada uno de ellos a través de esos treinta años en que solo coincidieron en algún homenaje o en algún funeral.

La novela o esa autoficción nos permite reconstruir el ambiente literario del Madrid de los 80. Ambos visitan la casa llamada Velintonia, donde el anciano Vicente Aleixandre es el refugio, la voz de la serenidad, el consejero fiel. En el pub Dickens, con Molina Foix se congregan los jóvenes Félix de Azúa, Luis Antonio de Villena y Fernando Savater. Molina Foix decide reunir a cinco de los poetas jóvenes, entre los que se cuentan Leopoldo Alas –gran amigo de Cremades–, Mario Miguez, Javier Francesch, Eduardo Rubio y naturalmente Luis Cremades. Publicará sus poemas bajo el título de 5 poetas del 62. En ese Madrid destacan Alvaro Pombo, José Luis Gómez con un sorprendente montaje de La vida es sueño, y también Lindsay Kemp con una maravillosa adaptación de Nuestra Señora de las Flores de Jean Genet, un artista que impactó con su pantomima y su aire andrógino al público español.

El final del libro nos inquieta, nos llena de pena. En el 2000, Luis Cremadas se hace la prueba del sida y descubre que tiene el virus del VIH. Han pasado veinte años de la relación y ya no mantiene ningún contacto con Molina Foix. Va sufriendo diferentes enfermedades y tienen que cortarle la pierna. Comunica a su entorno la enfermedad y, con tristeza, descubre que es un marginado en todos los ambientes. Sus amigos se van distanciando, se queda tristemente solo.

Los temas políticos o la agitación social son ignorados en la escritura. En cambio, aparecen la dinámica teatral de la ciudad, las películas vistas, la poesía, la música, también una vida nocturna muy activa. El libro da una vibrante imagen del mundo gay, de los amigos, las reuniones en los cafés, las charlas entre ellos. Una buena radiografía de un Madrid, en aquel momento donde era ideal vivir, durante la transición.

Luis Cremades nació en Alicante y actualmente vive en Jijona. Publicó tres libros de poemas. A principios del 2000 fue profesor de la Escuela de Letras. Vicente Molina Foix nació en Elche y vive en Madrid. Su novela El abrecartas fue Premio Nacional de Literatura en 2007. Reunió su poesía y publicó La musa furtiva. Poesía 1967-2012.

El libro me deleitó y lo leí con verdadero entusiasmo. Quizás hay algo de chismoso en el interés por penetrar en la intimidad de tantos escritores españoles gays, pero la calidad de la escritura justifica la curiosidad.

Rubén Mettini

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