Luis León Barreto – Dios es buena persona

Dios es buena persona

Cuando llegaron las misiones para tratar de reconducir a parejas que no habían pasado por el altar, uno de los frailes llamó a su puerta.

–Buenos días, hermana.

–Buenos días nos dé Dios –dijo, Rosita, presta.

El hombre aceptó un vasito de vino y se armó de paciencia para reconducir aquel alma descarriada.

–¿Y qué se le ofrece?

Aquella mujer era sorprendente. No se había inmutado al ver su hábito de franciscano, ni aquel grueso crucifijo que colgaba de su cuello.

–He venido a traerte los sacramentos –dijo, pausadamente-. Para que hagas examen de tus actos y puedas reconciliarte con Dios.

Ella se quedó callada.

–Disculpe que tenga las manos húmedas porque estaba haciendo queso –dijo, volviéndose de espaldas.

–El Señor se alegra cuando nos ve activos.

Se dio cuenta de que iban a echarle un sermón, por eso tenía que anticiparse.

–Si usted quiere, puede ofrecerme el perdón. Aunque yo ni he matado ni he robado, soy honrada y trabajadora. Así que podré ir al cielo con todos los santos.

Era una mujer rebelde, ya tenía referencias.

–¿Vas a negar acaso que llevas una vida libertina, y pecas de continuo contra el sexto y contra el noveno mandamiento?

Ella no respondió a sus acusaciones.

-Eres una viva representación del pecado, y encima desafiante.

–Yo vivo mi vida, sin hacer daño a nadie.

No le iba a ser fácil.

–Volveré mañana –sentenció.

–Cuando usted lo desee.

–¿No sabes, hija mía, que, si persistes en esa actitud, te vas a condenar para toda la eternidad?

No iba a callarse. Ella era contestona porque estaba acostumbrada a resolver sus cuitas por sí misma. ¿Quién se creía aquel fraile? ¿Acaso era él quien tenía malos instintos aunque se pertrechaba tras su hábito de penitente? ¿Tal vez su aspecto era un mero postureo? ¿Es posible que todos los eclesiásticos cumplan todos los mandamientos de la Iglesia, por ejemplo podrían cumplir al pie de la letra el mandato del celibato? ¿Cómo siendo hombres nunca iban a sentir un fuerte deseo de fornicar?

–No puede ser, porque Dios es buena persona.

El fraile se sorprendió, pero insistió en que volvería al día siguiente.

-Vaya con Dios –dijo ella.

–Dios es buena persona -insistió cuando el hombre ya emprendía su camino.

Luis León Barreto

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