TE RECOMENDAMOS… Contra el fanatismo, de Amos Oz

Contra el fanatismo, de Amos Oz

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Una reseña de Manuel Díaz Martínez

 

El gran escritor Amos Oz murió el pasado 28 de diciembre en su natal Israel a los 79 años. La literatura, el humanismo y el sentido común están de luto. En enero de 2009 escribí el siguiente texto y lo publiqué en mi blog:

No me he sentido bien en estos días, y es que ni los años perdonan ni el mundo da tregua. Por una parte, unas tripas que se amotinan y, por otra, una sociedad que imperturbablemente nos asesta con demasiada frecuencia nuevas decepciones. La tragedia de Gaza le ha pegado un buen mordisco a la menguante confianza que tengo en la inteligencia de la especie humana. Refugiándome, como es mi costumbre, en la lectura para resistir los rigores de la intemperie, he disfrutado de un libro que me ha explicado mejor, desde un ángulo más humano que político –por ello lo he disfrutado tanto–, la pelea árabe-israelí, mostrando razones y sinrazones de imprescindible comprensión para hallarle buen fin a ese endemoniado conflicto que hoy envenena, más que cualquier otro, la convivencia entre los pobladores de este planeta. Me refiero a las tres conferencias que el magnífico escritor judío-israelí Amos Oz ha reunido en un tomo bajo el título de CONTRA EL FANATISMO (Ediciones Siruela-Debolsillo), cuya lectura recomiendo a los que, como yo, desean que más pronto que tarde palestinos e israelíes vivan y prosperen en paz. Mirándose a la cara o dándose la espalda, pero en paz. Sin más niños ni adultos reventados en una pizzería de Tel Aviv o en una escuela de Gaza. Como milito cada día más fervorosamente en el PSC (Partido del Sentido Común), convengo con Amos Oz en cuanto expone y propone en este brevísimo y estimulante libro, que debería ser de lectura obligatoria para todos los ciudadanos israelíes y palestinos. Y no, por supuesto, para que lo adopten como texto canónico, sino para que ejerciten la reflexión, que es la única arma eficaz contra los problemas que la obcecación crea y la violencia encona. Oz dice cosas tan iluminadoras y sensatas como éstas que he subrayado:

 
• “Muy a menudo los árabes, incluso algunos escritores árabes sensibilizados, no consiguen vernos –a nosotros, judíos israelíes– como realmente somos: un puñado de refugiados y supervivientes medio histéricos, obsesionados por terribles pesadillas, traumatizados no sólo por Europa sino también por el trato recibido en los países árabes e islámicos. La mitad de la población de Israel es gente expulsada a patadas de países árabes e islámicos. Pero no nos ven así, sino como una prolongación del pasado colonialista.

 
• Asimismo, los judíos israelíes no ven a los árabes, especialmente a los palestinos, como lo que son: víctimas de siglos de opresión, explotación, colonialismo y humillación. Más bien los vemos como iniciadores de pogromos y nazis, que se envuelven en cofiyas, se dejan crecer bigotes y se tuestan al sol. Pero que siguen con el mismo viejo juego de rebanar gargantas de judíos por diversión. En resumen, son nuestros opresores del pasado que vuelven a empezar. Hay una gran ignorancia a este respecto en ambos bandos: no ignorancia política de propósitos y metas, sino de los antecedentes, de los profundos traumas de ambas víctimas.

 
• He sido muy crítico con el movimiento nacional palestino durante muchos años. Algunas razones son históricas, otras no. Sobre todo he sido muy crítico con él por su incapacidad para comprender lo legítima que es la conexión judía con la tierra de Israel; es incapaz de darse cuenta de que la moderna Israel no es producto de empresa colonialista alguna. O, al menos, es incapaz de contárselo así a su pueblo. Por la misma regla de tres, debería decir de inmediato que soy igualmente crítico con generaciones de israelíes sionistas, incapaces de imaginar que hay un pueblo palestino, un pueblo real, con derechos legítimos y reales. Así que ambos liderazgos –sí, el pasado y el actual– son culpables de no entender la tragedia o al menos de no contársela a su pueblo como es debido.

 
• Si yo fuera primer ministro de Israel no firmaría ningún acuerdo con los palestinos que no resolviera el problema de los refugiados que, en su mayoría, están fuera del territorio de Israel. Pero lo resolvería. Porque cualquier resolución que no atienda la cuestión de los refugiados es una bomba de relojería. Se debe dar solución a este problema humano y nacional en el marco del inmediato proceso de paz, no ya por razones morales sino incluso por razones de seguridad para Israel.

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