TE RECOMENDAMOS… La Sociedad literaria y el pastel de piel de patata de Guernsey, de Mary Ann Shaffer y Annie Barrows

 

La Sociedad literaria y el pastel de piel de patata de Guernsey, de Mary Ann Shaffer y Annie Barrows

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Una reseña de Rubén Mettini

Editado por RBA Libros, 2010

La acción de la novela pasa en Reino Unido en 1946. Juliet es una escritora que vive en Londres y su editor le sugiere que escriba sobre costumbres inglesas. A ella el tema no le interesa. En ese momento recibe una carta de un campesino llamado Dawsey Adams, de la isla de Guernsey, situada en las costas de Normandía. Dawsey le pide que busque un libro de un autor llamado Charles Lamb. Durante la guerra han cerrado las librerías de la isla y supone que Juliet puede encontrar ese libro en Londres. El campesino le cuenta que, durante la ocupación alemana, la sociedad literaria de Guernsey tenía un cerdo escondido que, al final, decidieron asar. Juliet se interesa por la historia del cerdo asado y, además, porque la sociedad literaria recibe el extraño nombre de “pastel de piel de patata”.

Juliet le envía el libro y Dawsey le comenta que se dedica a descargar barcos y que, en los momentos libres, aprovecha a leer. Tenía una granja donde criaba cerdos, pero los alemanes le robaron los animales y lo obligaron a sembrar patatas y nabos para alimentar al ejército. Tiempo después, una vecina tenía un cerdo oculto y lo invitó a comer carne de cochino. Allí nació la sociedad literaria.

Aunque pareciera que estoy narrando el argumento de una novela surrealista, Mary Ann Shaffer quiso contar sus experiencias durante la Segunda Guerra. Murió antes de poder acabar el libro y su sobrina, Annie Barrows, lo terminó. A su publicación se transformó en un best seller. La novela se basa en las cartas que Juliet va intercambiando con los diversos personajes de la isla que conforman la sociedad literaria. El funcionamiento del singular club de lectura es así: uno lee un libro y lo comenta a los otros para despertar el interés, todos discuten el libro leído, así se crea una sinergia entre convivencia y literatura, una sinergia que ayuda a superar las amarguras de la guerra.

Los personajes que integran la sociedad literaria resultan singulares: el campesino Dawsey Adams ya mencionado, también un hombre, aficionado a la bebida, que se hace pasar por Lord, una granjera que tiene un puesto en el mercado, un entallador cuya profesión es esculpir lápidas para los nichos, un chatarrero y una mujer que, aunque esté prisionera en Francia, los otros integrantes la sienten como parte de la sociedad literaria.

La novela narra hechos amargos de la ocupación alemana en la isla de Guernsey, pero el humor prima sobre el todo. Es una novela que se lee con sumo gusto y nos mantiene con una sonrisa en la boca. Se van tocando diferentes temas de la vida de los alemanes ocupando la isla. He aquí algunos ejemplos: racionamiento y falta de alimentos, pero además falta de diarios y revistas.

La pérdida de contacto, tanto con el Reino Unido como con el continente, crea una situación de aislamiento total. En una de las cartas, una mujer le cuenta a Juliet que Hitler envió 16.000 prisioneros a las islas del Canal. Eran esclavos que debían fortificar las islas para separarlas de Inglaterra. Colocaron cañones, muros en las playas, bunkers y, también, una vía férrea que atravesaba la isla. Los esclavos eran jóvenes de 15 y 16 años, prisioneros rusos y de la Guerra Civil española. Se trataba de un plan del fascismo llamado “muerte por extenuación”. Consistía en hacerlos trabajar en exceso y luego dejarlos morir. También hay un breve apunte sobre cómo pasaban los días los alemanes en los salones de belleza, arreglándose las uñas, dándose masajes, cortándose los cabellos o poniéndose cremas en la cara. El hecho de que la autora toque el tema con humor hace más ligeras las peripecias de la ocupación.

La sociedad literaria, en 1946, ya terminada la guerra, seguía reuniéndose. La historia del cerdo asado hizo que el chatarrero preparara el pastel de piel de patata. La novela también contiene la receta de este pastel que se hacía con las sobras que quedaban de la poca comida que tenían.

Quien se decida a sumergirse en esa trama de unas 300 páginas se divertirá, reflexionara, se emocionará y, cuando acabe el libro, tendrá ganas de volver a comenzar. En el fondo de todo el argumento, hay un profundo amor por los libros y por el provecho espiritual de la literatura. Ah, y no se olviden de preparar el pastel de piel de patata.  

 

Facebook: Rubén Mettini

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