TE RECOMENDAMOS… Todo lo que asciende tiene que converger, de Flannery O’Connor

 

Todo lo que asciende tiene que converger, de Flannery O’Connor

Cuentos_completos

Una reseña de Rubén Mettini

La lectura reciente del libro de relatos de Flannery O’Connor Todo lo que asciende tiene que converger me dio la pauta de que tenía mucho que aprender sobre la escritura, aunque ya llevo unos 35 años intentando hacer literatura. La autora es considerada, con justicia, una de las mejores escritoras norteamericanas del siglo XX. Su obra es limitada: dos novelas y 32 cuentos, aunque también publicó ensayos y reseñas. Nació en 1925 y murió en 1964. El cuento que reseñaré, que da nombre al libro, lo escribió durante su enfermedad terminal.

Cuenta una historia sencilla. Un hombre y su madre suben en un autobús en el sur de USA. Ella detesta viajar en un medio de transporte racialmente integrado. Poco después subirá al autobús una mujer negra con su hijo pequeño. La trama se centra en el sombrero que lleva la mujer blanca que es idéntico al que luce la mujer negra. Esta simple anécdota nos muestra la ignorancia y la ceguera de los protagonistas. Con ironía, O’Connor nos muestra las debilidades del ser humano.

Sus cuentos comienzan con una anécdota nimia, generalmente con relaciones familiares conflictivas, con asuntos raciales, con temas religiosos, a veces no sabemos hacia dónde se conducirá la historia pero, en el transcurso del cuento, la autora nos muestra la volubilidad humana y nos presenta cuestiones morales de capital importancia.

Frase_Flannery

En sus años universitarios dibujaba viñetas humorísticas, donde ejercía una descarada ironía y una mirada dura contra los prejuicios y la mediocridad. Esa misma actitud la encontramos en sus cuentos. Casi todos exponen un tema moral pero que resulta contradictorio para el lector.

Sus personajes se miran a sí mismos y se creen inteligentes, bondadosos, llenos de generosidad, hasta que un elemento inesperado entra en sus vidas, los pone en crisis y son incapaces de dilucidar qué falló en su concepción de sí mismos. Casi con indignación, el lector entiende que no hay respuestas claras a ningún planteamiento existencial. Las respuestas que damos, generalmente rígidas y estereotipadas, se vuelven herramientas de discordancia y dolor, aunque sean bien intencionadas.

No he hallado en la narrativa una voz que nos haga cuestionar la ética, las normas de comportamiento e incluso la religión como lo hace Flannery O’Connor. Teniendo en cuenta que son unos relatos que toman a personajes que nos resultan muy próximos.

Sus novelas son: Sangre sabia y Los violentos lo arrebatan. Su tercera novela quedó inconclusa. Aunque me centré en su libro Todo lo que asciende tiene que converger, recomiendo hacerse con el volumen que reúne sus cuentos completos.

Como escritores, reflexionemos sobre la frase de la autora que aparece en la reseña: «El quehacer del escritor es contemplar la experiencia, no fundirse con ella». Como lectores, dejémonos arrastrar por su brillante prosa y permitamos que ponga en crisis nuestros valores morales más arraigados.

 

Facebook: Rubén Mettini 

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