Roberto Iglesias – ¿Escuece?

¿Escuece?

 

Como ya sabes, permanece untado, pegajoso. No se desprende por más que agites la mano. No es cierto, lo has percibido demasiadas veces igual para que sea falso, esa alucinación turbulenta: la felicidad no vende. La sensación de asco y decepción siempre vuelve. Siempre hay motivos para vomitar o arrojarse al mar. Las tripas también hablan, ¡recuerda! : quien puede hablar no dejará de hacerlo salvo que sea un iluminado. Algunos posan en autorretratos patéticos, atrapados en el espejo que todo lo refleja sin objeto, carecen de otra habilidad.

Prostituirías a tu hermana menor por un gramo de lucidez absoluta, por un acierto que todos alaben, por un  segundo sobre el  peldaño  de oro. Pero no tienes hermana, no eres Pandora, no tienes nómina. Ancianos jubilados despotricando contra los parados: esos vagos. Las botas del buzo son de plomo y bucear bajo el mar supone llevar escafandra. Conoces de sobra la senda  del ganador y sabes a qué huele y cómo escuece. Dicen que su empresa no medró porque él no sabía ser cruel. Los que mandan han llegado ahí agitando con maestría el látigo pero tranquilo, los latigazos jamás escuecen cuando los das, tan solo cuando los recibes.

A la felicidad se llega comprando y consumiendo, por suerte eres joven para asumirlo sin comprenderlo. Fuimos nazis sin saberlo. En el  futuro alguien declarará que nuestro presente fue un pasado criminal: ¿quién, yo?… La verdad es la cara B del lp de la vida, la que nadie desea oír, ni cantar.  

¿Tocar un instrumento por placer? ¿o aborrecerlo y abandonar?  ¿o tocarlo con maestría envidiable sin que nadie se percate de que lo aborreces? La argolla de la envidia ajena desconoce los pesados y negros eslabones de asco que unen esa larga cadena a la pared del compromiso. Eres famoso: ¡desángrate una vez más! Nadie te dejará abandonar. La puerta de atrás por la que salimos huyendo posee diferentes nombres ruinosos. Los grandes vicios hablan demasiado sobre la falsedad del éxito. Anhelo un éxito que no llegará jamás, éxito esclavizante, sin  manumissio. Ahora vivo tranquilo, conozco mi lugar en el mundo: quiero ser un rock and roll star.

¿Qué haces leyendo esto? Leer solo sirve para darse falsamente la razón allí donde nadie la comparte. La lectura: esa droga sin declarar, lenitivo de paranoicos, acicate de solitarios. ¿Dónde está el freno de mano? Hace tiempo que deseo bajar, pero lo llaman con ese nombre… En mi país, el suicidio sobrepasa a la muerte en carretera, tranquilos lo duro es tener miedo a volar… sin avión.

Debería estar leyendo Kritik der reinen Vernunft…Siempre hay una excusa gloriosa para rehuir las obligaciones prosaicas… el día que encuentre una omnipotente e irrebatible seguro que dejo de limpiarme el culo después de cagar. La secta del perro: los hippies de la parresía, Sócrates sin vacunar contra la rabia de lo políticamente correcto, coherencia in extremis. Faltan émulos contemporáneos. Tras Maquiavelo, Guantánamo, pero no somos nazis, no se confundan. Paul Tibbets es un héroe nacional condecorado con honores. Claude Eatherly simplemente una mente inestable, un pobre loco.

Quien quiera más… que pula lentes.

Facebook: Roberto Iglesias 

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