Y Penélope salió de Ítaca
Olvidó, de pronto, el pasado. Delante de la casa roja se detuvo en seco y se quedó mirando la araucaria que le hacía sombra y le quitaba protagonismo. No estaba muy convencido de que estuviera allí cuando salió de su casa. Tampoco estaba seguro del tiempo que había pasado desde que salió por aquella puerta la última vez. Sólo tenía la certeza de que había vuelto al hogar sano y salvo, y viejo también. Le invadía la serenidad del regreso a los brazos de su amada.
Mientras observaba detenidamente los alrededores, trataba de encontrar recuerdos que le confirmaran que estaba en su barrio, en su casa. Todo esfuerzo fue inútil porque en su memoria solo quedaba la imagen de Penélope tratando de convencerlo de que no fuera a la guerra.
A pesar de la inseguridad y la confusión, entró en la casa y encontró una nota fechada tres meses después de su partida a Troya. Decía así: «Espero que regreses bien, Ulises, de tu Odisea. Telémaco y yo nos hemos mudado a Isla Utopía porque me han propuesto como candidata para formar parte del grupo de gobierno. El mundo, afortunadamente, ha cambiado mucho a pesar de que a tu hijo no le haya salido la barba aún».
Pepa Marrero