TE RECOMENDAMOS… La muerte juega a los dados de Clara Obligado

La muerte juega a los dados de Clara Obligado

Una reseña de Maruja Salgado

Clara Obligado, 1950, Buenos Aires, Argentina. Licenciada en Literatura y escritora. Vive en España (Madrid) desde 1976 cuando se exiló de su país por motivos políticos. Fundó en 1978 el Taller de escritura creativa que lleva su nombre y en el que ha fomentado el microrrelato. Ha recibido diversos premios. Escribe novela, cuentos, relatos y microrrelatos.

La muerte juega a los dados (Ed. Páginas de espuma. Madrid 2015) es una novela conformada con relatos aparentemente independientes entre sí.

Si no es propiamente un libro de relatos, ni tampoco una novela convencional, se nos hace así mismo difícil encuadrar su temática. ¿Crimen y misterio? Aunque ambos constituyen el fondo de la trama no son la esencia del libro. ¿Novela histórica? Está presente la invasión de Polonia y el cruel exilio al que se vieron sometidos los polacos; pero, sobre todo, la dictadura Argentina; la desaparición y tortura de personas que se narra de forma estremecedora, pero sin “hacer sangre”. ¿Tal vez novela romántica? Tanto el amor sumiso, como el amor alienado, el amor interesado y el amor sin calificativos se muestran sin juicios, cada uno en su contexto. Nos corresponde observar qué emoción nos produce cada una de esas relaciones amorosas.

Pero no me empeñaré en su clasificación porque lo realmente importante en este libro son los aspectos literarios; la riqueza de recursos, el interés que te despierta cada uno de sus capítulos, las imágenes visuales, olfativas, angustiantes, que te hacen realmente ver, oler o sentir lo que la autora desea. Los relatos van del realismo, crudo o dulcificado por la elección del recurso preciso, al surrealismo absurdo: La monja enana vive en la cornisa del patio del colegio donde anidan los murciélagos, debajo del reloj. Sus personajes están descritos con frases cortas en ráfaga y bellas imágenes, tan acertadamente que te haces una exacta idea de su físico y personalidad. De este mismo modo se describen paisajes y lugares: Alma recuerda esa tarde toda sonido y jazmines, el júbilo del sol desnudando los aromas ocultos de la tierra, la red de sombra de los árboles esparcida sobre el césped. Si tuviera que decantarme por algún aspecto del libro que haya dejado huella en mí hasta el punto de desear incorporarlo a mi propia escritura, sería esta capacidad asombrosa para describir diciendo tanto con tan pocas y acertadas palabras.

Clara emplea diferentes voces al narrar. Cuando lo hace en tercera persona, siempre es de forma libre e indirecta, intercalando otras voces y diálogos “cómo y cuándo a ella mismo le da la gana”, sin que tú sientas el menor trastorno al leer, al contrario, su ritmo es ágil, agradable. También de este modo libre te lleva cuando quiere al pasado, más reciente o más lejano, y tú vas tranquilamente, sin perderte.

París y Argentina se disputan los espacios más frecuentes en que transcurren las historias.

Temas tan dispares como la muerte, el miedo, el amor, el abuso, la locura, la esclavitud sexual, la ternura, el desengaño, la violencia, la dictadura, la tortura, el exilio…, tienen cabida en la narración.

Para concluir volveré sobre la estructura de la obra. Consigue formar una novela conectando de forma creativa los relatos; algunas palabras salpicadas en ellos, bien referentes a personajes, a detalles, o a sucesos, sirven de nexo para que no perdamos de vista la historia central que se narra. Como sila autora fuera derramando perlas al descuido. Sin embargo lo hace con una finalidad precisa: ensartarlas en el collar que quedará armado con los qués y los porqués en el último capítulo para el que elige el género epistolar. Con la lectura de esa carta nos hace creer que sabemos más que la propia escribiente. Esto supone una paradoja pues la voz que escribe la carta coincide con la propia voz de la escritora, ¿y cómo podremos saber más que ella de la historia de su familia? ¡Ah, que no lo había dicho!, en La muerte juega a los dados, Clara narra la historia de su saga familiar.

Maruja Salgado

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