TE RECOMENDAMOS… El olor de la hojarasca, de Eduardo García Benítez

El olor de la hojarasca, de Eduardo García Benítez

Una reseña de Rubén Mettini

ACTE Canarias – Publica Cursiva Books

Quedé prendido durante toda la lectura de este poemario. Volví al día siguiente a leerlo. En sus versos creí que se me interpelaba, que el autor unía sus reflexiones a las mías, que leyéndolo, me leía. Por todo eso, me decidí a escribir estas líneas sintiendo que es este un poemario muy completo, coherente desde el poema 1 hasta el 38, el último.

Aclaro, para iniciar, que el autor ha evitado deliberadamente los poemas sentimentales con los que comenzó su trayectoria poética. Este no es un libro romántico. El libro contiene poemas existencialistas. Los versos interrogan a la existencia, a sus angustias, sus expectativas o la falta de ellas. Leyéndolo, me vinieron a la mente las ideas fundamentales de Sartre y Camus y descubrí que muchos poemas entroncaban con sus filosofías.

Hay un tema muy apreciado en el existencialismo que es la exigencia de construir la vida a cada momento, porque esa vida no tiene sentido ni ninguna visión clara sobre el futuro. El ser se mueve en la incertidumbre. Eduardo García expresa este desconcierto existencial en varios poemas.

En el poema 4 dice: Soy este ser que va a no se sabe dónde.

Y retoma la idea en el poema 5: El viaje a no se sabe dónde / y todo este tiempo / desordenado en mi cabeza.

La exigencia de abandonar el absurdo de la existencia, requiere escribir para dejar de gritar en silencio, obliga a la construcción de un sentido ante el absurdo del mundo. En el poema 17 usa una metáfora muy potente para tal alarido: Tengo el grito de Munch / en mis orejas quizás por eso escribo. Y unos versos más adelante nos habla de: la extraña manía de intentar / darle un sentido a todo […].

El tema existencialista de la soledad, la percepción del abandono se va repitiendo como un leivmotiv en diferentes poemas. En el poema 12 nos habla de: Los años en lo que no pasó nada. Y más adelante: Los cuerpos que ya no están. / El amor que ya no vuelve / o que nunca estuvo.

En muchos de los poemas aparece la soledad desde la perspectiva del cuerpo. Es el cuerpo solitario que se mira a sí mismo, constatando el desamparo. Cuando hay un otro, el poeta contempla el cuerpo de esa otredad. Uno se mira el cuerpo cuando hay una palpable falta de compañía. Ya en el primer poema expresa este aislamiento: mi piel desnuda bebiéndose / las madrugadas una a una.

A veces la angustia toma un carácter suave, una nostalgia por las personas perdidas, por las cosas que pasaron y que ya no volverán. En el poema 7 comienza diciendo: Atesoramos las heridas en cada verso. Y luego el poema enumera esas heridas, entre ellas: Los rostros que ya no están.

En el poema 8 vuelve el poeta a sumergirse en la añoranza para terminar con esta imagen tan bella: La nostalgia viaja hoy / en un barco a la deriva, / en la delgada niebla del sueño.

También en Eduardo García aparece ese «ser para la muerte», el ser que advierte su finitud de la que nos hablaba Sartre. En el poema 6, el poeta se plantea desde qué espacios escribe. También aquí los versos se nutren de una enumeración. Entre esos espacios hay una de las mejores metáforas del libro. Se escribe […] Desde un corazón amarrado con alambres. Y más adelante aparece ese ser que muere y renace: uno escribe porque ha muerto / muchas veces al día.

Y para no resultar exhaustivo, cierro esta reseña con los versos finales del poema 10 que resumen lo que he ido dejando caer en lo anterior:

Quizás más que nunca

hoy hay un olor errante a tristeza

en las paredes de piedra

de esta herida transitada,

la piel huérfana de la memoria.

Si aún no lo han leído, recomiendo El olor de la hojarasca. La lectura otorga una reflexión sobre la existencia. A través de los versos, nos sentiremos identificados con el poeta y con las paradojas que nos plantea la vida cotidiana.

Rubén Mettini

3 comentarios

    • Tu poemario se merece esta reseña. Pasa que quería hacer una reseña desde el impacto inicial, muy próxima y sentimental, y al escribirla fui reflexionando sobre el contenido existencialista y esto fue lo que quedó. Tú, Eduardo, como persona también te mereces estos comentarios.

      Le gusta a 1 persona

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