MARÍA MOLINER
Como madre del lenguaje
ideó un libro abierto a lo nuevo.
En su océano de palabras
susurran en sus páginas
los ecos que llegan
desde los senderos,
parajes donde las raíces
crecen, brotan y se expanden
como un bosque legible.
En esa selva prosaica e inacabable,
creó su espacio,
adoptó las palabras como hijos
y les dio cobijo.
Dejó que jugaran en sus literas,
en los renglones de las fichas,
que guiaron a las manos
que las reescribieron.
Dejó que probaran sus alas
imaginando sus vuelos.
Como la lámpara que la alumbró
en sus fructíferas noches,
miró hacia la ventana
que la iluminaba,
ignoró sentarse
y las lanzó, dándoles libertad,
deseando que como bandadas
lleguen y se posen en arboledas
de pueblos olvidados,
donde los silencios gritan
los verbos de los tiempos.
Rosario Ibrahím Armas
