TE RECOMENDAMOS… Fulgor sin lastre, de Roberto Toledo Palliser

Fulgor sin lastre de Roberto Toledo Palliser

Una reseña de Rubén Mettini

Roberto Toledo es un estupendo escritor tinerfeño que forma parte de la llamada «generación de los 80». Aunque ha estado siempre muy activo culturalmente, no se prodigó en exceso en la edición de sus obras. Su última publicación, en el año 2005, fue un poemario llamado –idéntico al 5º apartado de este libro– Nueve motivos para el alba. Este año la Editorial Idea acaba de publicar Fulgor sin lastre (Ediciones Idea, 2020), el libro que reseño.

El 29 de octubre de 2020 se llevó a cabo la presentación en el Castillo de Mata de Las Palmas. El poeta tuvo a su lado a Ángel Sánchez, Premio Canarias de la Letras 2018, quien también se ha encargado del breve y lúcido prólogo de este libro, y a Juan Carlos de Sancho, escritor bregado en dialécticas literarias, que mantuvo un afilado coloquio con Toledo, una charla rica en referencias culturales.

El silencio de 15 años de Toledo se rompe con este poemario que, aunque breve, parece ser una Antología de la poesía del escritor desde 1989 hasta 2003. En esta larga época el poeta fue depurando su verso hasta llevarlo a la mayor brevedad con una enorme carga expresiva.

El libro se divide en cinco apartados, aunque ninguno de ellos pretende seguir un hilo cronológico. El primero: De este hondo designio está dedicado a Fermín Higuera, amigo íntimo de Toledo. Como desconocía a Higuera, a través de la web de Ediciones La Palma, me entero de que es un destacado músico que ha dado recitales de piano y camerísticos a través de la geografía española. Pero, además, es un escritor que, entre 1980 y 2003, ha publicado siete libros de poemas y también varios ensayos. En este apartado sentimos la influencia que tuvo Higuera en el crecimiento existencial del poeta. Son poemas que celebran el amor que nace de la amistad. Entre los versos también se hallan motivos como el sentimiento isleño, el mar, los volcanes y los cielos de Canarias.

En el 2º apartado: Resurrección de la mirada, el poeta va hacia su infancia. Abre el apartado con una prosa que comienza diciendo: A los ocho años descubrí que la muerte jugaba al corre que te pillo y, al niño que cogía, se lo llevaba a su mundo invisible a jugar para siempre. La escritura, con extrema ternura, rememora las cosas compartidas con su padre y su abuela. Ahora ese mundo del pasado es añoranza; esos seres han desaparecido. El poema III expresa nítidamente estos dones y nos remite a sensaciones que invocan los sentidos para que seamos cómplices de sus memorias. Cito la primera estrofa:

Mi padre me brindó el océano, la mirada franca del hombre,

el secreto de la risa que me salva cuando estoy perdido.

Pero tú me diste narraciones imposibles, abuela,

el olor del pan y el ruido de las ranas en la noche,

el sabor del cabello de ángel y el aroma del café.  […..]

En el 3º apartado: Ritual de las celebraciones, los poemas cantan la epifanía del deseo, el descubrimiento de la unión con el otro, la mística de compartir el silencio con el ser amado, el reconocimiento del cuerpo a través de los besos. El poeta expresa la pasión que siempre guio sus sentimientos. Aquí hay un bello poema que tiene como epígrafe la conocida frase de Cernuda: Porque el deseo es una pregunta cuya respuesta nadie sabe. No citaré todo el poema. Copiaré la cuarteta final que resume el contenido no solo del poema sino de todo este apartado:

No existe una respuesta que pueda dirimirse en el deseo,

tan sólo una pregunta que en su vuelo nos sostiene,

pero puedo confiarte, si no intentas forzarme a las palabras,

cómo mis ojos en los tuyos se contestan.

El 4º apartado llamado En otro canto, contiene los versos escritos al desamor, a la separación… Pareciera que la persona amada se va, quiere sacar la última foto, quiere conservar un último recuerdo. El poeta acepta las condiciones, pero se resiste a someterse a la tristeza de la pérdida. Pareciera que el ser se afirma en seguir estando en equilibrio, sin que el miedo a la soledad lo invada. Todas estas son hipótesis de un lector, cada lector que recorra las líneas de este libro hallará sus respuestas. Para eso escribimos poesía, para establecer variadas lecturas. En este apartado se halla el poema que más me ha impactado. También las razones por qué este poema y no otro, son absolutamente subjetivas. Se trata de lecturas que me despiertan ganas de escribir y por este motivo me sugieren un perpetuo deleite. Lo cito en su integridad:

¿Nunca te has despertado con la sensación de haber dormido

junto al cuerpo de alguien que no ha nacido aún a la memoria?

Sin embargo, ese cuerpo ha dejado su risa entre las sábanas,

como si los fantasmas adquirieran forma al tener los ojos cerrados,

y nosotros no los viéramos, como no vemos el aire

                                             y a pesar de todo

                                                                       insiste,

pero si sintiéramos su transpiración al cruzar nuestro sueño su letargo,

y esa caricia, oracular,

apenas un retazo de la noche,

                                     nos diera la certeza de estar vivos.

El último apartado: Nueve motivos para el alba pareciera contener la síntesis más depurada de la voz del poeta. Es como una porcelana china escrita en poquísimos versos, con poemas de una sola línea y algunos haikús que nos llevarán a leerlos y releerlos para comprender ese deseo que motiva la escritura.

Fulgor sin lastre es un libro lleno de belleza. El prólogo de Ángel Sánchez da algunas pistas para internarse en este poemario. Sin esas pistas, seguramente el lector inquieto igualmente hallará respuesta a sus propias preguntas. Lo recomiendo.

Rubén Mettini

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