Pepa Marrero – Visualización

VISUALIZACIÓN

 

Temprano llegué a la cocina. Sentada esperé el borboteo de la cafetera mientras untaba mantequilla en las rebanadas de pan. Al apoyar el cuchillo en el plato se produjo un sonido frío y metálico. Un sonido cortante y amplificado que se fue apagando con el vapor cálido y confortable del café. La misma rutina diaria, sin embargo, todo me resultaba diferente. Acaricié la mesa con mis ojos y mis manos como si acabara de aparecer ante mí en ese preciso momento. Percibí la suavidad y la robustez de la madera sobre la que, cómodamente, tomo mis alimentos cada día. Al levantarme de la silla para servirme la leche y el café, el reloj me miró desde la pared. Marcaba las tres y veinticinco, como en todo momento desde hace un mes, aunque hoy sentí el reproche del abandono. Me miró desde su quietud y comprendí que se le escapaba el tiempo sin sentirlo, y pensé que en cuanto terminara de desayunar cambiaría sus pilas viejas por unas nuevas. El sabor del pan crujiente con mantequilla me llevó a un estado de enajenación exquisito. Envuelta en la deliciosa mezcla de olores y sabores de un desayuno cotidiano me perdí por el placer de los sentidos. No sé cuánto tiempo estuve en aquella otra realidad, pero al volver me inundaban una sensación de alivio inmensa y una alegría infinita. Todo había pasado. La pandemia era un recuerdo… o tal vez no, dudé  por un momento, puse el reloj en hora y, como cada día, cogí el móvil para ver las noticias.

Pepa Marrero

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