TE RECOMENDAMOS…Chijalitos, de María Gutiérrez

Chijalitos de María Gutiérrez

maruja

Una reseña de Maruja Salgado

María Gutiérrez nació en El Rosario, Tenerife. Es maestra, en la actualidad jubilada, narradora, haijin (autora de haikus), poeta y activista social y poética.

Prologuista, compiladora y correctora, ha prologado diversas publicaciones poéticas y narrativas, y ha compilado: Perdone que no me calle, conjunto de microrrelatos contra la violencia machista obra de 64 autoras.

Muchos de sus textos han sido traducidos a otros idiomas (alemán, catalán, inglés, portugués, japonés, italiano, rumano…), algunos han aparecido en antologías y publicaciones colectivas españolas y de otros países. Ha impartido múltiples talleres, en España y en el extranjero, y ha participado, como invitada y como ponente, en numerosos encuentros y congresos nacionales e internacionales.

Milita en distintas asociaciones de las Islas; miembro del Colectivo Harimaguada y del grupo de lectura Atalanta. Dirige el taller de lectura de la Librería de Mujeres de Canarias, coordina Aprender no tiene edad, una experiencia de alfabetización y cultura general para personas adultas, y colabora con la Escuela de Creación de Canarias.

En 2012 fue nombrada Ciudadana Ilustre de Vista Alegre, en Neuquén (Argentina) y es Premio 8 de marzo de Santa Cruz de Tenerife 2017.

Es autora de libros de cuentos y microrrelatos, poesía y novela, así como de varios álbumes ilustrados.

Entre sus publicaciones, Chilajitos es una edición bilingüe castellano/alemán.

Cuenta con diversos premios literarios.

MARÍA GUTIÉRREZ. CHILAJITOS.

Me atrevo con esta reseña de Chilajitos de María Gutiérrez, siendo consciente de mi incapacidad para transmitirles la enorme belleza, la profundidad, de este libro de relatos cortos y microrrelatos. Para salir medianamente bien parada, echaré mano de algunos de sus propios párrafos. Está ilustrado con fotografías de la década del 60, cuando las instantáneas no eran selfis a tontas y a locas, sino casi un acontecimiento. Quizá por eso en ellas cabía la familia al completo, sobre todo, aquellas grandes, bien avenidas y parranderas, como la de María, en las que, reunirse chicos y mayores, suponía un tremendo gozo digno de ser plasmado. A veces, también nos tomaban alguna foto individual, y esa, la guardamos aún, casi como si marcara un punto clave en nuestro devenir, atesorando con ella el recuerdo del maravilloso momento que la propició.

Niña con gato titula la autora a la fotografía que ocupa la tapa posterior de la portada de este libro. Como en cualquier patio de antaño, cantos, cacharros con helechas y una pequeña sonriente que nos muestra con orgullo el trofeo que acaba de atrapar. Niña con gato es también el primero de los relatos, un auténtico poema en prosa: “Soy yo. Esa niña pequeña con gato soy yo…

pero soy yo en el patio de madre Herminia…

Sola. Con ese tigre manso en brazos a la sombra del macizo, hago un alto a la vuelta de la cacería,…

Sola. Sin miedo. Miro al futuro. Me miro y no reconozco esa madurez que me escudriña, que se asombra del tesón de la inocencia que fue…

Sola. Flequillo y coletas, calzón de granjera. La mujer que quise ser.”

María Gutiérrez cultiva una narrativa sensible y exquisita, amén de descarnada y provocadora si se le antoja. Cada renglón de: Mi calle, Tía, Gafas nuevas… es una caricia entrañable que te acerca a tu propia infancia, a tus vivencias de juegos infantiles, a espacios abiertos donde campeábamos libres, y a esos personajes especiales que poblaban aquellos años de vida en la calle, y que cada una guardamos en la memoria junto a una sonrisa.

Aborda una amplia temática este Chilajitos. Después de compartir la felicidad de su niñez, María no duda en mostrarnos sin pudor cómo se empodera de su propia identidad, la manera en que ama, la añoranza y hasta sus experiencias cercanas a la muerte. La sororidad impregna varios de estos textos que denuncian la violencia contra las mujeres, pues esta mujer lleva su activismo a considerar que la labor de una escritora no ha de limitarse a componer poemas que nos conmuevan, textos que despierten la reflexión, transporten a nuevas realidades, o nos propicien horas de gozo; ha de ser también comprometida con la problemática de la sociedad en que vive.

De muy niña, la autora se enamoró de las palabras y así nos lo cuenta en Gafas nuevas: “Los libros. Las palabras. Las palabras que explicaban y describían las cosas.

Las palabras que se leían y podían escribirse”.

Y en Princesas y campanas: “Lolita me estremecía con la palabra, sus palabras”.

Como si eligiera la exacta tonalidad de la madeja que ha de emplear para un perfecto bordado, ella selecciona las palabras: tiernas, excitantes, escatológicas, sonoras, soeces, amorosas… todas caben en su pluma, cada una desgranada en el renglón exacto. Por eso, además de finamente sensible, la prosa que nos muestra María en Chilajitos, es también trabajada y rigurosa. Cada palabra ocupa su justo lugar y conmueve, irrita, asombra, excita, o asquea, si ese es justamente su propósito.

A su genio literario, indiscutible, María lo llama Mi Tirano. Y nos lo describe como un sapo gordo siempre alerta, a cuyos ojos no escapa nada. El Tirano “maquina historias”, “colecciona reacciones ajenas” y “rumia impresiones”. La autora nos desvela que él es quien le dice qué y cómo anotar; no le perdona una errata, un fallo, un resbalón… ¡Ajajá, hemos descubierto su secreto! ¡Claro, que no es tan fácil contar con un tirano como el que a ella “ hace tiempo que se le escarranchó encima!”

Sigamos descubriendo rasgos que caracterizan la prosa de Chilajitos. La palabra de alguno de estos relatos, la palabra de María, es sensual y provoca nuestros sentidos inundándolos de imágenes y olores: “Por momentos la estancia parece expandirse a tu olor de jengibre, y olfateo rincones, tules, las sábanas, aún calientes, donde tu cuerpo ahuecaba reina luisa…”

Lo sensual se preña de erotismo en El Postre: “El vientre plano y el ombligo que surgía excitante…”

Lo onírico irrumpe así mismo en el relato sin previo aviso, entremezclándose con lo cotidiano y palpable. Y hasta lo surrealista asoma en más de un párrafo.

El tema de la violencia machista, como he apuntado, se recoge también en varios de estos textos: “El dolor no traspasa las paredes, ni retumban los golpes…”

Y por último, la muerte ronda de forma sutil o más explícita. A veces temida, otras inevitable, algunas justiciera y, por fin, la propia muerte imaginada sin tragedia. Y el epitafio que la retrata, tan bien, como la foto de la tapa trasera:

Este ánfora contiene las cenizas de una gozadora que hizo su voluntad”.

Maruja Salgado

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