Resuelve
A excepción de nosotros, el recuerdo es lo único que no cambia, o lo olvidas o, aunque te hagas mayor, le vuelves a dar vida.
Los pocos que lo sabían nos llamaban Romeo y Julieta.
A escondidas nos citábamos en un edificio abandonado de las afueras. Como un ritual, nos recostábamos en los escalones de las últimas plantas, mirábamos el techo por largo tiempo y, como si miráramos las estrellas, discutíamos de nuestro universo. Entre mirada arriba y mirada abajo, con nuestras lecturas visuales de saber qué hacer, nos dejábamos llevar por la música de aquel silencio.
Subir y bajar las escaleras eran una constante matemática incontrolable que resolvíamos con sudor y poesía.
Quiero pensar que el lúgubre edificio al que dimos vida, al que bañábamos con misterio y romanticismo, hizo que con los polvos mágicos ocultos en sus techos, las estrellas de dentro y de fuera se alinearan a nuestro a favor, permitiendo que el mundo que quería separarnos, nos dejara unirnos para ser libres. De cualquier forma, la magia existe si tú la pones. La que estaba allí metida, la que sacamos para siempre, hizo que decidiéramos seguir citándonos, allá donde fuéramos, en cualquier escalera de un viejo edificio abandonado, resolviéndonos como antaño.
Un hermoso microrrelato, con una prosa elaborada. Me gusta mucho esta frase: «Entre mirada arriba y mirada abajo, con nuestras lecturas visuales de saber qué hacer, nos dejábamos llevar por la música de aquel silencio». Felicitaciones, Chari Ibrahím.
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Muy lindo tu microrrelato Chari… nos hace creer en que todo es posible, incluso mantener el recuerdo como vínculo de lo imposible.
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