Roberto Iglesias – Encendida carta a los editores del mundo

ENCENCIDA CARTA A LOS EDITORES DEL MUNDO

En Las Palmas de Gran Canaria, a tantos del cuantos del año no sé cuántos.

Estimados editores mundiales:

Antes de nada me gustaría confesarles que soy un enfermo: un bibliófilo y, además, un ser compulsivo, hasta la manía y el mal humor, por el orden y la buena disposición de los objetos en el espacio. Es por ello que mi carta, se convierte no en una sugerencia lábil y pasajera, propia de los seres diletantes, sino en una necesidad intrínseca de todo mi ser que, de modo perpetuo, me acucia a contemplar visualmente en orden los objetos que más adoro: los libros, ¡¡mis libros!! ¡¡ tooooodos los libros!!

Por favor, les suplico se pongan en mi lugar, un poco de empatía, ¡¡ por caridad! Porque, ¿acaso no hay algo más exasperante que coleccionar libros y no poder ordenarlos? ¡¡Es  horrible!! Dilapidar dinero en comprar una de esas estantería suecas que te las tienes que montar tú en casa cual onanista para, tras horas de montaje, advertir, con rabia y perfecto estupor que los libros ¡¡no caben!! Y si solo fuera eso… No es que no quepan, es que no se pueden ordenar: ni por el grosor,  ni por la altura, ni por el lomo, ni por el tejuelo , nada de nada, ¡imposible! ¡¡¡¡arggg, ardo de rabia!! ¿A quién mato?

Editores ingratos, crueles personas, con los seres ordenados como yo… ¿dónde quedaron esas estanterías antiquísimas como la del templo budista de Haeinsa en Corea del Sur? Un templo fundado en el siglo noveno y cuyo nombre significa “Templo de reflexiones sobre un mar en calma”. ¡¡Coño, normaaaall!!, normal que dé calma si está todo ordenado por la altura y color de los libros allí contenidos.  ¿A mí qué más me da que sea aburrido y anodino?, ¿qué más me da que no se pueda encontrar nada entre tanto libro similar?, búscalo tú que eres el budista y tienes paciencia “budística”, ¡no te jode! Pero déjame a mí ser ordenado.

templo

Por eso, esta carta va dirigida a todos esos editores postmodernos: Azulia, Canaima,   Ojanguren… coño, poneros nombres más comunes y recordables….¡¡no!! ¡¡no!!, ¿eso tampoco, ¿verdad?

 ¿Cómo no voy a vivir rabiado si no me dejáis alcanzar tan sagrada utopía?

Tú, que te devanas los sesos en maquetar el texto, ¿para qué? ¿para sacar un mamotreto? ¿o para sacar un libro minúsculo? ¿y cómo ordeno yo eso en la estantería sueca?, ¿eh, a ver?

Como veo que quizá ni leeréis esta misiva, yo por mi parte me he impuesto un sagrado sacrificio que es por ahora llenar esta garrafa de gasolina y como vea la próxima vez que venga un libro que no se puede ordenar en mi estantería, os juro, por el diccionario “María Moliner”, que os quemo  el chiringo. ¡Advertidos estáis! ¡¡A rascaila!!

 

Roberto Iglesias

 

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