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Maldito electrodoméstico

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Jornadas laborales de infarto.

Horas extras a raudales.

Momento crítico, crisis desbordante.

Personas infra-situadas como números

en las colas de las oficinas de empleo.

Desconcierto.

La situación se enquista

y es tal el momento gris, que parece eterno.

 

Ante todo esto, una nueva ola de: -¡Hágalo usted mismo!

-¡Sea su propio jefe!, -¡Cree su propio sueño!, -¡Practique el autoempleo!

Me animo, me vengo arriba y me lo creo.

Me sueño vendiendo mi producto por el mundo entero.

Visitando lugares. Haciendo clientes en eventos sociales y conciertos.

Me sueño teniendo éxito.

 

Me quiero reinventar y me reinvento.

Voy a la Cámara de Comercio

y me traigo cajón y medio de papeles para rellenar.

Es el precio por ser autónoma que es lo que quiero.

En verdad es lo que más ansío en este momento.

Después de varios cursos de formación

y de pagar, con mucho desconcierto mis impuestos…

estoy preparada para comerme el mundo…

con la boca chica y el culo prieto…

¡No me vaya a ser que me coma él a mi primero!

Son muchos los factores sorpresa y los tiburones que hay en el océano.

 

Renuevo mi fondo de armario

Y compro material de oficina y portátil nuevo.

Ahora que tengo muchísima vida social necesito

una página web y tarjetas de visita y me pongo con el diseño.

Descubro con desconcierto que hay mucho de snob

pero que forma parte del show, de ser alguien, del faranduleo.

 

Trabajo de sol a sol y muchas madrugadas

pero coño salta la liebre y empiezo a ganar algo de dinero.

No me da ni para la gasofa,

pero recuerdo mi sueño… y sigo haciendo el esfuerzo.

¿Esto era el autoempleo? Más parece masoquismo,

donde uno se explota a si mismo hasta caer muerto.

 

Una noche sucedió lo impensable,

Me desestabilizó lo que había creado.

Mi propio cuento.

 

Me dispongo a salir vestida como Greta Garbo

A una exposición de cuadros.

Pienso: Antes tiendo la ropa y riego las plantas, pa’dejar hecho algo.

Subo donde la lavadora y al intentar abrir la puerta

Esta me hace frente y me mira como si me dijese ¡Qué no!, ¡Qué no me abro!

Hay maldita lavadora ¿y ahora que hago?

Tengo ropa que me hace falta para mañana

Pero la puerta tiene un bloqueo de seguridad

y tarda unos minutos antes de desbloquearlo.

El enfado es tal que me siento ante ella con descaro

Y digo en voz alta ¡Abre cuando quieras que yo espero!

Desisto, respiro hondo y cojo el libro de versos Satánicos,

Que tenía por leerlo…

Menuda noche de novela… no esperaba ese final…

Que extraño placer y a la vez desconcierto…

Seguro que mejor que la exposición de cuadros…

Me doy cuenta que la puerta de la lavadora

hace horas que ha abierto…

Si cultivarse una vida social esta bien, pero que goce cultivarse por dentro.

Si al final te voy a tener que dar las gracias…

Maldito electrodoméstico.

 

Celia Sánchez

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