Juan Francisco Santana – Charquitos azucarados

Charquitos azucarados

Al escuchar tu latido, al sentirte migrante en la cala en la que se extravió el rocío, no pude evitar soñar, una vez más, el prado floreado sólo visto en las madrugadas en las que las mulsas nubes, las que semejaban caravanas de camellos, levitaban antes de que mi memoria se acercara a tu desgarro.

Se me arañaba el alma, la piel se me desgarraba en tiras mientras un insufrible dolor se me asía a la garganta. Las neblinosas imágenes, las de las danzas vestidas de rosa, las del perro que ladraba a los luceros hicieron que quisiera partir a la playa en la que los árboles frutales me daban consejos. Recuerdos, sólo recuerdos, que en tu mirada se movían cual marionetas en teatrillos de barrio, aquellos en los que los niños se sentaban en el suelo y la emoción danzaba sobre el filo del cuchillo. Recordé como en mis labios los tuyos recalaban y la luz de las velas que se reflejaba en tu almohada, cuando a mi vera se dibujaba tu desnudo y todo en mí se llenaba de esperanza dadora de vida.

Me vi aprendiz que quisiera naufragar en tus recuerdos mientras mis labios temblaban al acercarse a los tuyos. Soñé, sólo soñé, moverme en el escenario en el que tú, con paciencia infinita, antaño me esperabas, mirando siempre al este, para juntos cruzar, cargados de sueños, un desierto de azúcar en el que la sed se saciaba en los charquitos en los que se reflejaba la cara más amable de la Luna.

 

Juan Francisco Santana Domínguez

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