TE RECOMENDAMOS… Esperando a los bárbaros, de J.M. Coetzee

Esperando a los bárbaros, de J.M. Coetzee

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Una reseña de Josefa Molina 

 

Hablar de J.M. Coetzee es hablar de uno de los escritores más prolíficos y conocido internacionalmente procedente de Suráfrica. No en vano se le concedió el Premio Nobel de Literatura en 2003 por «la brillantez a la hora de analizar la sociedad sudafricana», según el acta de la propia Academia Sueca.

‘Esperando a los bárbaros’ (1980) reconozco que ha supuesto mi primer acercamiento a la obra de Coetzee. En mi opinión, lo interesante de esta novela es la forma en la que el autor nos adentra, desde una voz narrativa en primera persona, en los entresijos de la miseria de una población avasallada por un régimen militar invasor, que no duda en utilizar los mecanismos más crueles para someterla hasta casi exterminarla.

Por momentos, resultan escalofriantes las descripciones de las técnicas de tortura que utiliza un cruel capitán militar obsesionado por su delirio de ser reconocido como ‘conquistador pacificador’ por sus superiores de la metrópolis, la ‘civilizada’ sociedad enfrentada a una población denominada como ‘bárbara’, que no dejan de ser pequeños grupos de ganaderos errantes que recorren la zona subsistiendo a base de reproducir un sistema social propio de siglos. Con lo cual, una no puede dejar de preguntarse durante todo el libro: ¿quiénes son los bárbaros, en realidad? Yo ya tengo mi respuesta, y no son los que en el texto se denominan ‘los bárbaros’.

 

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Las largas reflexiones morales del protagonista, magistrado entrado en años en un pueblo de frontera, y sus divagaciones sobre el bien y el mal, sobre la crueldad y la bondad, sobre la justicia e injusticia, constituyen el hilo conductor de esta obra con la que, según los estudiosos del autor, este realiza una férrea crítica al sistema político de su país, Suráfrica, enfatizando la denuncia contra la brutalidad y la arrogancia del que ejerce el poder. Por contra, la relación con una joven ‘bárbara’ – a la que dejan ciega tras una sesión de torturas- proporciona algunas dosis de ternura y humanidad al texto, con escenas de un extraño cariño, que sirven también de espacio para que el magistrado vuelque un amplio espectro de sentimientos encontrados hacia la joven, hacia la cultura occidental, hacia su grupo social y hacia sí mismo.

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En resumen, un texto francamente interesante y muy reflexivo que me ha proporcionado una primera puerta de entrada a la obra de Coetzee, del que ya, aviso, tengo próximas lecturas. Iré dando puntual cuenta al respecto.

 

Facebook: Josefa Molina 

josefamolinaautora.com

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