Sasa Sosa – Don Nadie

Don Nadie

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No era nadie. Pero ahí estaba, delante de un auditorio fingiendo que lo era. Presentaba su última novela, la última de una larga lista de éxitos. Gracias a una cuantiosa campaña de marketing, se habían vendido solo en la primera semana miles de ejemplares. Era un autor rentable de noche y un notario sin futuro de día.

Era también un tipo muy leído, tanto que todo lo que escribía se parecía a otra cosa que ya había escrito otro. Nunca tubo una idea propia y nunca vino a visitarlo ninguna musa, pero a base de falta de talento había adquirido la pericia de copiar las ideas de otros sin que lo pareciera.

Doce novelas publicadas. Doce afirmaciones de mendacidad. Cuando no escribía, leía. Y hasta cuando escribía tenía delante varias novelas abiertas para copiar. Leía sin parar y sin dejarse llevar ni por el argumento ni por el entusiasmo, por si algo pudiera conducirlo, llevarlo, arrastrarlo… por el barranco seco de su imaginación. A veces, aburrido, mezclaba varios libros escogidos por azar, un personaje de aquí, un argumento de allá y un desenlace que es la mezcla de los dos; así que, básicamente, todos sus libros eran un anexo de otros tantos escritos por escritores honestos. Al principio le pareció que podía ser un recurso para un principiante como él, pero luego le llegó el éxito, la fama, el reconocimiento…y el recurso se convirtió súbitamente en ‘estilo’.

No era nadie, pero ahí estaba, delante de un auditorio fingiendo que lo era. Como no tenía que hablar del argumento, de sobra conocido, soltó varias frases efectistas dirigidas directamente al hipocampo de los fans, que en este caso se llaman lectores, y se puso a discurrir sobre que si hay escritores diurnos y nocturnos, que si hay que escribir un mínimo de ocho horas diarias, que si hay que ser constante, que si esto no es un juego, que si esto, que si lo otro….y una sarta de justificaciones aprendidas después de años sufriendo en silencio las presentaciones de otros.

Llegó el momento del coloquio, cuando los fans preguntan cosas que ya saben para que el escritor pueda lucirse a pecho descubierto. Allí terminó de explicar los tormentos que le había supuesto escribir esta novela; dio cuenta de todas las noches, porque él era nocturno, que había pasado quemándose las pestañas por este libro, de todos los bocadillos de jamón que habían sido su único alimento, del aislamiento, de la soledad, del cansancio…y de la incomprensión de la sociedad, esa que fue capaz de acusarlo de plagio, a él, que lo había dado todo por contribuir al desarrollo de la cultura, a él lo habían difamado, humillado, menospreciado, ultrajado…pero ahí estaba, con su público incondicional, como no podía ser de otro modo, demostrando que él era alguien, y no cualquier alguien; alguien que merecía estar delante de un auditorio.

Facebook: Sasa Sosa

Blog:  Sasa Sosa – Cuentista Impenitente

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