Rubén Mettini – El pajarero

Nota: El siguiente relato pertenece a un libro inédito llamado Variaciones sobre temas de René Magritte. El pintor hizo este cuadro en 1937 y lo denominó El terapeuta. En mi “variación” el cuento se llama El pajarero.

El pajarero

8_El_pajarero

Con su báculo ocioso tienta la hierba y el volumen de una roca. La reconoce. Vuelve allí cada tarde. Se sienta. Saca semillas de girasol de su bolsa. Se toma toda la tarde en ir pelándolas y llevándoselas a la boca. Se siente bien porque a esa hora cae el sol sobre la roca y él se calienta la mano que sostiene el báculo. Persiste en su boca la pastosa consistencia de la pulpa macerada.

Tal vez por el perfume de su aliento o por las prometidas semillas encerradas en la bolsa, dos alondras se acercan. Revolotean en torno a su puño que cierra la bolsa. Giran alrededor del sombrero de fieltro que lo guarda del sol. Él no las ve pero siente en sus mejillas la frescura del batir de las alas. Después arrullan al unísono frente a su pecho y se instalan allí dentro para amarse.

 El pecho hueco del anciano les es madriguera, jaula abierta o nido. Allí anidan.

Él no se mueve, para no alejarlas. Echa semillas de girasol como quien reza un pésame para alimentar a los pájaros.

Al irse el sol, él se queda allí. Y también las aves. Se quedan quietas mientras dura la noche.

Cuando la luz humedece de rocío la verde hierba, él ve la salida del sol en el lado opuesto al árbol. Mira la hierba, mueve su cabeza y allí descubre sus dedos, cerrando la bolsa de semillas, y recorre con sus ojos su otra mano posada sobre la curvatura del báculo blanco. Se quita el sombrero, silenciosamente, y contempla admirado la áspera trama del fieltro. Permanece en silencio. Se echa la capa sobre los hombros y la cierra. Mientras las alondras duerman dentro de su pecho, él verá. La jaula de su pecho oculto bajo la capa hará la noche adentro y la luz afuera.

 

Facebook: Rubén Mettini

Anuncios

3 comentarios

    • Muchas gracias, Carmela Linares. Es un cuento al que le tengo un especial cariño. Aunque creo que resulta algo críptico. Las alondras en la oscuridad le prestan los ojos para que el pajarero ciego pueda ver, a cambio de un puñado de semillas de girasol.

      Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s