FOTO-RELATO Me robaste la vida

Me robaste la vida

Ze

Jugaste con mis ilusiones y con mis desengaños.
Jugaste con mi alegría y con mi dolor.
Jugaste con mi cabeza, con mi corazón y con mi cuerpo.

Me convertiste en una muñeca rota en manos de un niño malcriado, avaricioso y al que no le gustaba compartir.

Hiciste que me entregara a ti sin reparos, sin condiciones, sin pedir nada a cambio. El cien por cien de mi vida a tus pies, y me pisoteaste.

Rompiste mi corazón, quebraste mi alma y anulaste mi inteligencia. ¿Cómo? Con (un falso) amor.

Oh sí, el amor que todo lo puede. El que ha inspirado novelas grandiosas, preciosas canciones y emotivas películas.
El amor que ha hecho que una persona recorra el mundo entero por estar junto a otra.

El que hace que un ser humano espere durante años a otro porque sabe, a ciencia cierta, que su corazón no puede pertenecer a nadie más.

El que crea nuevas vidas, el que hace brillar ojos, vibrar corazones y notar mariposas en el estómago.

¿Ese tipo de amor? No, en nuestro caso, no. El tuyo era un amor egoísta, compulsivo, obsesivo y hasta en ocasiones, abusivo.

Un amor que se prometía eterno. “Eres mía”- decías a mí oído mientras hacíamos el amor- “Solo mía”. Y a mí me parecía tan bonito, tan sincero, que no imaginaba lo literal de las palabras.

Me convertiste en una esclava de ti, una adicta, como una drogadicta que no puede vivir sin cocaína. Llegué a estar tan absorta de ti que me perdí. Sí, me perdí como mujer, como ser humano.

Olvidé quién era, de dónde venía, a dónde quería ir. Me hiciste perder mi voz, me apartaste de mis amigos e hiciste que dejara de importarme todo aquello que no fueras tú y nuestro amor, me encerraste en un castillo, una fortaleza, una jaula de oro que cegó y apagó por completo mi inteligencia y ¿después, qué?

Pues que te cansaste de tu muñeca y entonces quisiste ver qué se sentía al jugar con otras Barbies, yo dejé de ser una novedad y pasé a ser nada, un mero estorbo del que no sabías cómo deshacerte.

Entonces desperté de mi letargo, dejé atrás el largo sueño principesco del amor y vi, como si fueran escenas salteadas de una mala película, lo que habías hecho conmigo. Desperté y huí, salí corriendo de tu lado y aquellos a quienes por tu culpa di la espalda, me acogieron con los brazos abiertos y poco a poco, he vuelto a recordar cómo era eso de ser yo.

¿Y sabes qué? Que me gusta. Mucho más de lo que me gustaba ser tuya, adoro ahora ser mía, solo mía.

Facebook: Zeneida Miranda 

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