Inma Flores – La nueva melena

La nueva melena

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La nueva melena

Son casi las diez de la mañana de un día cualquiera del mes de abril.

  • ¡Corre mami, no quiero que lleguemos tarde! —gritaba Carlota, junto al ascensor.
  • Tranquila, hija, tenemos la cita en la peluquería a las diez y media y sólo tardamos diez minutos en llegar, no te impacientes —contestó la madre, aún más nerviosa que la hija.

Carlota es una joven de quince años. El verano anterior le diagnosticaron un carcinoma y tuvo que comenzar con el tratamiento que  le prescribieron antes de ser operada, por lo que perdió el cabello, sintió desquebrajar sus uñas, y se sentía desfallecer a pesar de ser una niña muy activa y desear comerse el mundo a través de sus grandes ojos verdes.

A la joven le gusta un chico de su instituto, pero hace mucho tiempo que no le ve, y no habla de él. Tampoco se relaciona con la mayoría de sus amigas, pues están todo el tiempo ocupadas con sus clases, sus juegos y sus salidas de fin de semana, salvo a Claudia y a Nati, que cada tarde la acompañan un ratito y le traen la lista de los deberes que marcan en clase.

A Carlota le cuesta seguir el ritmo de los estudios de sus compañeros de clase, pero como conoce  el gran esfuerzo que hacen Nati y Claudia para que ella pueda seguir aprendiendo al mismo ritmo que sus compañeros, pone todo su empeño y pide ayuda a su madre para poder acabar las tareas y prepararse las lecciones, a pesar de que todo le cuesta mucho más que antes.

Hoy Carlota está feliz. Tendrá de nuevo sus cabellos. Sí, has leído bien, “sus cabellos”. Ha quedado en la peluquería para que le entreguen su peluca nueva, una peluca hecha a medida para ella, con el mismo color de pelo que tuvo siempre. Tiene miedo de no estar guapa, de sentirse rara, por lo que en todo el camino no para de hablar.

  • Mami, ¿y a quién le han quitado su melena para hacer mi peluca?
  • No lo sé, Carlota. No creo que se lo hayan “quitado” a nadie. El pelo crece, y quizás alguien ha decidido cortárselo.
  • Mamá, tú eras la primera que no querías que yo cortase mi melena, ¿recuerdas?
  • Eso es distinto, hija, tú querías cortarte el pelo para parecerte a tu cantante favorita, dejando de ser tú.
  • Sí, pero… quien se haya cortado el pelo que me van a poner ahora a mí ha debido hacer lo mismo—. decía a su madre, mirándola fijamente a los ojos mientras esta última dejaba brotar algo de humedad en sus preciosos ojos verdes.
  • No lo sé hija, no lo sé. Se lo preguntaremos a Clara.

Clara es la peluquera de la familia. Tiene su peluquería en el centro de Málaga y con frecuencia colabora con los enfermos de cáncer creando en su taller pelucas para quienes están en tratamiento, han quedado sin pelo sobre sus cabezas  y no se pueden costear el adquirir una.

Cuando la madre y la hija entran en la peluquería se dirigen directamente a la vitrina donde se exponen las pelucas.

  • ¡¡Es esa mamá, estoy segura de que es esa!! —gritó Carlota a su madre mientras señalaba con el dedo una que tenía el mismo corte de pelo que ella llevaba en una foto que había entregado a Clara.
  • Sí, es esa, pequeña, ¿te gusta? —preguntó la peluquera, con los ojos sonrientes.
  • ¡¡Sí!! Me encanta… Estoy deseando probármela.
  • Pues venga, a tu sillón —contestó Clara señalando uno de los sitios libres a la joven.

Carlota no se lo podía creer. Parecía que  era su auténtico cabello. Se sacó  un selfie y envió la foto a sus amigas. Estaba feliz. No paraba de interrogar a Clara sobre cómo había conseguido el material para realizar su peluca.

  • Tranquila, Carlota, nadie ha sufrido dolor para que tú tengas tus cabellos nuevos. Formo parte de una asociación de peluqueros y existen muchos estilistas colaborando, recogiendo cabellos de más de 20 centímetros para hacer estas pelucas.
  • Pero yo quiero saber quién ha sido la persona que me ha regalado estos… — preguntó la niña.
  • De acuerdo, no te preocupes, miraré en los registros de la asociación —dijo la peluquera mientras entraba en su ordenador—. Los donó una niña de quince años llamada Sonia, vive en Gran Canaria, en un sitio que se llama Barrial.
  • ¿Y dónde está eso? —consultó Carlota, intrigada.
  • Está en el Atlántico, son esas islas que siempre aparecen en un recuadro. Allí, en una de ellas, la más redondita, está ese lugar. Lo conozco porque  estuve de vacaciones.
  • ¿Y cómo puedo dar las gracias a la donante de mi melena? —preguntaba insistente la joven.
  • Espera… no te preocupes… Aquí está:«Peluquería Esther, estilista». Teléfono 928 55 10 87 ¡¡Vamos a llamar!!

Acto seguido cogió el teléfono y marcó el teléfono de Esther, la peluquera que tan amablemente había enviado los cabellos a Málaga para que hicieran la peluca de la joven.

  • Buenos días, llamo desde Málaga, ¿puedo hablar con Esther?
  • Sí, soy yo.
  • Aquí tenemos a una joven que quiere hablarle —dijo Clara, mientras pasaba el teléfono a la muchacha que, por un instante, parecía haberse quedado muda.

¿Quién donó los cabellos? ¿Fuiste tú o alguien conocido? Ya lo sabes, existen personas que los necesitan, así que plantéate el donar si tienes intención de cortar tu melena. Puedes ponerte en contacto con Esther a través del teléfono 928 551087. Alguna sonrisa nueva te lo agradecerá.

Facebook: Inma Flores

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14 comentarios

  1. Precioso relato como la vida misma ,huyes del
    drama de la situación dando un aire fresco de ilusión ,así no revives en corazones sentimientos amargos .Gracias por dar a conocer la gran labor de Esther , y al mismo tiempo ayudar a concienciar a las personas.
    No dejes nunca de regalarnos tus relatos y poemas .Besos

    Le gusta a 1 persona

    • Muchísmas gracias Marisa por acercarte a leerme y a comentar lo que te ha parecido. Leí el comentario desde el móvil y por diversos motivos he tardado en acercarme por aquí.
      Conocí a Esther por lo mismo que la mayoría de la gente del barrio, y además de ser una gran profesional, es un corazón de oro.
      Un abrazo.

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  2. Muchas gracias, Inma, es tan real como que sólo tenemos que mirar a nuestro alrededor para saber que nadie, absolutamente nadie, está enxcento de padecerlo. Con esta colaboración que estoy llevando a cabo ojalá pueda llegar al corazoncito de muchas personas. Así te das cuenta que con un gesto tan simple puedes hacer feliz a tantas personas. Un abrazo inmenso de paz y amor para tod@s

    Le gusta a 1 persona

    • Esther, las gracias te las he de dar yo a ti. El día en que me enviaste un mensaje solicitando colaboración para esta labor tocaste esa fibra sensible que todos llevamos muy dentro. Estás ralizando una labor maravillosa. Gracias por estar siempre pendiente de ayudar a los demás.
      Me llegaron a la mente tantas historias conocidas, otras imaginadas… tantos valientes luchando cada día por un trocito más de luz, de amor de sus familiares, de ser “normales” a pesar de lo que les ha tocado vivir… que fue un placer escribir la historia. Un abrazo.

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