FOTO-RELATO Una larga enfermedad

Una larga enfermedad

enferma

Padecía de diabetes; durante más de 30 años convivió con ella pero sin tratarse adecuadamente. Como vivió épocas de mucha escasez, consideraba un pecado desperdiciar la comida, y era capaz de terminarse los platos de sus hijos, antes de tirarlos o echárselo a las gallinas. Creo que eso, unido a que nunca quiso pincharse insulina, pues consideraba que era como una droga y que una vez enganchada no podría dejarla, hizo que la diabetes la deteriorara tanto. Cuando quiso inyectársela, ya fue demasiado tarde.

Antes de comer invertía un tiempo en preparar la medicación. La ponía en un plato junto al de la comida. Yo bromeaba diciéndole que al plato de pastillas le faltaba poco para ser tan grande como el otro.

Llevaba meses sintiendo un gran malestar después de las comidas, era tan limitante que estaba aborrecida de vivir en esas condiciones. Ella me decía que parecía las fatiguillas de la muerte.

Entonces decidí sentarme delante en la mesa de la cocina con todos los prospectos de la infinidad de medicamentos que tenía y tratar de averiguar si existía alguna incompatibilidad entre ellos y que los médicos no habían detectado.

Después de estar horas leyendo los folletos y consultando en la enciclopedia algunos conceptos, descubrí la dichosa pastilla que estaba causando todos los males. Se llamaba silubín y era una de las primeras que le habían prescrito para la diabetes. Al ser la primera nunca desconfiaron de ella, sino de las nuevas que iban incorporando. A partir de ese momento su calidad de vida mejoró considerablemente.

Aunque durante toda su existencia, aquel diminuto cuerpo había superado varias enfermedades y trabajado duramente, en los últimos años, ya había perdido la vista, luego el habla, y por último la movilidad. Los tres últimos años “vivió” como un vegetal. Curiosamente en ese periodo sus índices glucémicos y su tensión arterial se estabilizaron. Durante ese tiempo la mayoría de sus hijos y nueras nos turnábamos para cuidarla en su casa.

Al principio de perder la conciencia le ponía el rosario en la mano y trataba de rezarlo con ella, pasando las cuentas entre sus dedos a cada padre nuestro. Llegó a esbozar una pequeña sonrisa y tratar de mover los labios como cuando cada noche lo rezaba sentada en su perezosa. Pero al poco tiempo decidí dejar de intentarlo, al no notar mejoría, pues percibía su nerviosismo por no poder rezar como ella quería.

Siempre procuramos que estuviera acompañada de los suyos y en su casa. Mi hermana consiguió una cama articulada motorizada y se compró un colchón anti escaras. Dos veces en semana venía a casa un masajista para que le mantuviese, en lo posible, el tono muscular y la salud de la piel. Permanentemente le teníamos conectada la botella de oxígeno para tratar su insuficiencia respiratoria.

Durante los más de tres años que estuvo en esta situación no faltaban las visitas de los nietos, familiares y vecinas. Entre ellas destacaba la de su prima ya fallecida, que diariamente al anochecer, terminada sus labores, se sentaba a su lado durante horas.

Facebook: Rito Moreno

Foto: Libros Amazon

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7 comentarios

  1. ¿PUEDE SER LA DIABETES ASÍ DE MALA? EL PAPÁ DE MI HIJA TAMBIÉN TIENE DIABETES Y ME DA QUE SE ESTA MURIENDO LENTAMENTE PERO NO DICE NADA, NO LO HABLA. CON TU RELATO PUEDO TENER UNA LIGERA IDEA DE LO QUE SE AVECINA. MUCHAS GRACIAS. RECUERDOS DESDE LONDRES, ANDREA MOLINA.

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