TE RECOMENDAMOS…El barón rampante, de Italo Calvino

El barón rampante, de Italo Calvino

Una reseña de Eva Cubas

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Comenzar a ojear un libro un mediodía de agosto norteafricano y preferir quedarse en casa frente a esa costa norteña rebosando de frescor y luz para así concentrar los estímulos y entregar tu cuerpo a navegar en la intimidad de la lectura hogareña es todo un acontecimiento vital. Por este hito en la historia de mi lectura quisiera compartir el fervor por uno de mis libros de cabecera: “El Barón Rampante” de Italo Calvino. Me encontré con esta joya en el verano de 2014 y, casi inmediatamente, su lectura me amarró al sillón. Buscaba cualquier momento fuera de las obligaciones cotidianas para dejarme sorprender por la prosa de ésta una de las tres novelas cortas que forman parte de la celebrada trilogía de Calvino “Nuestros antepasados”, publicada en 1952 ( “El Vizconde Demediado”, “El Barón Rampante” y “El Caballero Inexistente”)

El hermano de Cosimo Piovasco di Rondó y narrador de la novela, me raptó desde el primer capítulo trasladándome a su infancia en la Villa de Ombrossa, donde el Barón Arminio Piovasco di Rondó, allá por 1.769, expulsa del almuerzo familiar a su hijo Cosimo al negarse éste a acatar la autoridad paterna rechazando comer un plato de caracoles. Cosimo responde a la imposición familiar encaramándose a los árboles del jardín e inaugura, para asombro de todos, una nueva vida sobre huertas, jardines y bosques. El barón rampante lleva al extremo la sentencia con que responde a su padre: “No bajaré nunca”. Por tan sólo unos metros de altura se separará para siempre de los humanos que habitan bajo los árboles. Pero en ningún momento se aislará de lo que allá abajo, bajo las ramas y las hojas, pueda ocurrir. Su hermano se encargará, con buena letra, de acercarnos con gran respeto y delicadeza a la apasionada existencia de nuestro héroe. Cosimo crece llevado por una curiosidad insaciable y una perenne pasión por la lectura, participando en la vida que le rodea. Interviene en cuantos sucesos ocurran en el territorio que abarca su movilidad arbórea, como la llegada de la francmasonería o las invasiones napoleónicas a la comarca.

La novela, ambientada en la Italia del siglo XVIII, es al mismo tiempo una reivindicación ilustrada de la realidad pero, a diferencia del Buen Salvaje rousseauniano, Cosimo permanece paradójicamente integrado en su sociedad, convirtiéndose en un personaje esencial en la historia de su comunidad.

Il Barone rampante ilustra en su vida los cambios sociales y los grandes proyectos iluministas de la época, pero también es el alter ego de Italo Calvino, que acaba de abandonar el Partido Comunista y la idea de la literatura como mensaje político. Con “Nuestros antepasados”, el autor italiano se separa de la literatura realista-social y picaresca para dedicarse a una especie de narración aparentemente fantástica y que encierra, según la interpretación general sobre su obra, una representación alegórica del hombre contemporáneo. Calvino produce una narrativa que tiene como objeto, a pesar de mantener la contaminación proveniente del mundo de lo fabuloso y a menudo del absurdo, la realidad contemporánea al autor. Reexamina la sociedad y el lugar que el intelectual (a quien niega unas posibilidades reales de intervención) ocupa en ella.

Como comprenderán no tenía más remedio que lanzarme con Cosimo a “recorrer” los caminos de los árboles, de los alerces a los olivos y a las hayas para vivir su pintoresca y liberadora discrepancia saboreando el amor, la supervivencia, la guerra y la búsqueda de saber de este solitario que no huía de la gente. Más aún, se diría que sólo la gente le importaba. 

¿Cómo negarse a a esta aventura con que Calvino eleva tus pies a lo más alto de bosques ya perdidos, sumergiendo tu mirada en la frondosidad de la arboleda que en esa época cubría gran parte del suelo europeo y especialmente del golfo de Ombrosa, dejando ver al trasluz de la humanidad desgajada de la vida a ras del suelo, lo arbitrario y unidimensional de las coordenadas terrestres?

Entiendo que con estas líneas no tengas suficiente para adentrarte en esta fábula sobre la fidelidad a los propios principios, sobre la necesidad humana de desvincularse de los condicionamientos ideológicos y políticos, de las ideas preconcebidas y de las imposiciones intelectuales. El siguiente y, anticiparía, definitivo paso sería que “El Barón Rampante” te encuentre entre estanterías de libros y te invite a su privilegiada atalaya necesaria para guardar “esa distancia necesaria que permite ver mejor las cosas”.

Facebook: Eva Cubas

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