Josefa Molina – Sin palabras

Sin palabras

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

No hagas mucho ruido. Estoy cansada. El trabajo, fatal. Tu madre llamó”, leyó en el papel que encontró doblado sobre la mesa de la cocina.

Nunca entendió ese ritual de contarse las cosas a través de mensajes escritos en un papel. Para él suponía una especie de acto de cobardía. Hablar a través del papel en vez de hacerlo cara a cara, el uno frente al otro, no era sano para una relación de pareja. Más bien todo lo contrario, emponzoñaba cualquier acto de acercamiento físico, de contacto; evitaba el acompañar a las palabras de ese algo tan esencial en cualquier pareja: la calidez del tacto. ¡Nada más hermoso y gratificante que el roce de la piel! Ese roce que él echaba tanto de menos…

La distancia se había apoderado de sus vidas hacía meses. Y con ella, la falta de palabras. Sin saber muy bien por qué, los días pasaban y ellos, simplemente, se dejaban llevar. Sin hablarse, sin tocarse, sin amarse. Hasta que llegó el momento en el que la situación comenzó a hacerse insostenible. ¿Cómo vivir con alguien con el que apenas hablas? Más que pareja parecían compañeros de piso. Vivían juntos pero no se tocaban. Las caricias, los besos, el buscarse entre las sábanas hacía tiempo que habían desaparecido de sus vidas. Entonces, ¿para qué continuar? Era absurdo prolongar lo ya inerte con la vana esperanza de que resucitara como por arte de magia. La situación se prolongó tanto en el tiempo que comenzaba a oler a putrefacción emocional por cada rincón de la casa.

Un día se armó de valor y le preguntó sobre su futuro en pareja cuando cada uno y como siempre por separado, se preparaban la cena en la cocina. Ella le observó simulando sorpresa aunque era perfectamente consciente de lo que hablaba. A veces, nos cuesta afrontar las cosas cuando no van bien simplemente porque no tenemos el valor necesario para asumir los cambios que genera cualquier ruptura de la rutina.

Enmudeció ante la pregunta, se dio la vuelta y se llevó el sándwich de jamón y queso hasta el dormitorio, cerrando la puerta tras de sí. El silencio se hizo en la cocina, donde él permaneció absorto mirando hacia la puerta por la que se había perdido la figura de la mujer con la que había compartido los últimos tres años de su vida.

En ese mismo instante supo que, por esa puerta, no sólo se fue el cuerpo, también se fue la última oportunidad de cercanía con aquella mujer que había decidido desde hacía tiempo no estar a su lado.

Al día siguiente, una nota le esperaba pegada en el espejo del baño. “Lo siento, me cogiste desprevenida. Tienes razón: debemos hablar. Definir nuestro futuro como pareja”, leyó. “Ok, ¿te parece bien esta noche?”, escribió él en el mismo papel, sabedor de que ella lo leería al regresar a casa a la hora del almuerzo.

Cuando llegó a casa por la noche, ella ya había cenado y se había metido en la cama. Sobre la mesa de la cocina, un sobre con su nombre escrito en el exterior, le esperaba. “Estoy tremendamente cansada para hablar. Por favor, no me pidas que hablemos. Mañana mejor, ¿sí?”, decía el papel.

Se dejó caer sobre la silla. No entendía por qué insistía en aquella estupidez de hablarse a través de un papel. Así que cogió el sobre blanco, tachó su nombre y escribió el de ella.

Cuando ella se levantó para ir a trabajar, notó el frío en el lado de la cama que él ocupaba. Extrañada, lo buscó sin éxito por el apartamento. Entonces se percató de que faltaban algunas cosas en el salón. Corrió al baño. Tampoco estaban ni su cepillo de dientes ni su desodorante. Se dirigió al vestidor, sólo para otorgar certeza a los pensamientos que golpeaban con furia su mente, y entonces se dio de bruces contra la realidad. Se había marchado, llevándose consigo su ropa, sus libros y algunos cds de música.

No daba crédito. Se había ido, sin más. Sin avisarle. Sin hablar con ella. Se sentía indignada, estafada, vilmente abandonada.

Llegó a la altura de la mesa de la cocina cuando las primeras lágrimas comenzaban a descender por sus mejillas. Entonces, descubrió el sobre blanco con su nombre escrito a bolígrafo y el de él tachado con furia.

Dentro del sobre, un papel doblado en dos. Lo desplegó para descubrir que sólo era un simple papel en blanco. Un papel sin palabras.

Facebook: Josefa Molina

Foto: autor desconocido

Anuncios

2 comentarios

  1. ME GUSTÓ MUCHO EL RELATO Y COMO DE COSTUMBRE AL FINAL, LA GRAN SORPRESA. SIEMPRE NOS SORPRENDES. NOS METES EN LA LECTURA DE UNA MANERA QUE DEVORAMOS Y ENTONCES… ¡LA SORPRESITA! LA VERDAD QUE ESTA VEZ FUE UN GRAN GOLPE. ¡FELICIDADES! FELIZ NAVIDAD Y PROSPERO AÑO NUEVO A TODOS LOS COMPONENTES DE PALABRA Y VERSO, ALLEGADOS, AMIGOS Y FAMILIAS. DESDE LONDRES, ANDREA MOLINA

    Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s