FOTO-RELATO El riego blanco de mi niñez

El riego blanco de mi niñez

riego blanco

Hasta bien avanzados los años 70 existía una acequia al final de la calle Majadillas, digo al final porque en esa época la calle no tenía salida para los vehículos hacia la carretera de Sardina.

A dicha acequia le llamábamos “El Riego Blanco”. Este marcaba el límite de nuestra zona de juegos y solo podíamos traspasarlo en muy contadas ocasiones: cuando se acercaba la festividad de Reyes y nos dejábamos engañar por los mayores para limpiar el caminillo, que trascurría del mencionado Riego Blanco a la carretera de Sardina, con el fin de que pasasen los camellos con nuestros regalos. O cuando nuestras madres lavaban la ropa y nos tenían al alcance de su mirada, ya que este era el único punto que el riego era acto para esos menesteres:

Uno, porque estaba a una altura cómoda. Y otro porque estaba accesible, ya que después de que Panchito Reyes, años antes, había hecho una derrama para hacer la pista de tierra desde la carretera de San Isidro hasta ese punto, gran parte del recorrido de dicha acequia quedo soterrado.

Más de una vez llegue a echar al riego, a la altura de la piedra de Pachá, algún objeto: un trozo de madera, un bote de plástico que en esa época no era tan frecuente encontrar o incluso algún caballero blanco, a caballo también blanco de los que venían en los paquetes de AJAX, el más poderoso. Luego bajaba corriendo calle abajo sorteando los cagajones de la burra de Santiago Sarmiento (el de los “para – hoys” ) para ver si llegaba a verlos a la salida por el Riego Blanco, como si del Guadiana se tratase, con dudoso éxito tengo que decir. En esa época no conocía las ventajas del trabajo en equipo.

Recuerdo que una vez lavada la ropa, mi madre tenía permiso de Lolita Linares o de su hija Ignacita Reyes para secar al sol la ropa sobre las piedras de la escombrera. Escombrera fruto de la construcción de la mareta (estanque) que Panchito Reyes había realizado años atrás, para lo cual había contratado a mi bisabuelo Matías Rodríguez Suárez.

Luego llegaron las lavadoras, el riego por goteo, el asfalto y desapareció el Riego Blanco, solo queda la referencia toponímica para algunos de los antiguos habitantes de la calle Majadilla.

Texto y foto: Rito Moreno

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