Josefa Molina – A la cuarta…¿va la vencida?

A la cuarta…¿va la vencida?

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Probablemente era culpa suya. Si no al cien por cien, sí que tenía mucho que ver puesto que era ella quien supuestamente elegía. Y ya era la cuarta vez que le pasaba, ¡y eso que dicen que a la tercera va la vencida! se repetía a sí misma, pero se ve que el dichoso refrán no casaba muy bien con ella.

Cada vez que iniciaba una nueva relación se proponía siempre lo mismo: “esta vez todo va a salir genial, será una relación duradera y plena”. Pero transcurridos los primeros meses y, en el mejor de los casos y con mucho optimismo, el año, todo se iba al garete.

Y mira que hizo propósito de enmienda. Aprender de los fallos, no dejarse utilizar, ser más cariñosa, ser más amante y menos amiga, más fiera en la cama (y ésto lo hacía con mucho empeño y mayor entrega, especialmente cuando al entrar en los cuarenta aprendió que el sexo podía ser muy divertido y gratificante) y, sin embargo, siempre se la daban con queso.

Del inicio estimulante y placentero, ese que hacía que cualquier momento fuera el ideal para hablar con él, para hacerse arrumacos o meterse mano dominados por el deseo lujurioso, se pasaba, sin saber muy bien el motivo exacto, a estar días enteros sin nada interesante que decirse; a la llamada eventual para ir a cenar o a algún mensajito que permanecía sin contestar por su receptor durante horas y horas.

Tomó la costumbre de dejarse llevar por sus pensamientos en un parque cercano a su casa, al que acudía cada tarde con la excusa de pasear al perro. Era su momento perfecto para contemplar cómo se amaban los demás. Observaba con criterio cuasi científico a aquellas parejas de adolescentes que se ruborizaban con sólo mirarse, a la otra de mediana edad que aún se cogía de las manos mientras paseaba alrededor del estanque y, lo que más le sorprendía, a las parejas de personas mayores que iban al parque a cazar los últimos rayitos de sol y a dar millo a las palomas mientras – aún- se sonreían con ternura.

Se preguntaba cuál sería el secreto para mantener ese amor imperecedero después de tanto tiempo. ¿Lo tendrían metido en kilos y kilos de conservante a prueba de desgaste, de días malos, de espantones, de malos humos y de inapetencia sexual?

Una vez leyó en un libro de esos escritos por ‘psicólogos especializados en conflicto de parejas’, que las bases de una relación sana y gratificante eran el respeto, la sinceridad y la complicidad. Demasiadas premisas….claro, ¡así no hay quién cumpla más de un año en pareja! se consolaba frustrada.

Según  su experiencia, pasados los primeros siete meses de pasión, que dicen esos mismos psicólogos que es la duración media de la atracción sexual, comienza todo a decaer. Disminuían drásticamente el número de llamadas y, pasadas algunas semanas más, el de los mensajes. Más tarde, los calificativos cariñosos de princesa, amor o cariño son sustituidos por un ¿qué pasa, tía? Entonces, como si el botoncito en concreto se hubiera estropeado para siempre jamás del último Iphone de moda, se evaporaban por arte de magia potagia de los mensajes de whatsapp, los iconos de corazoncitos volando y de besitos tiernos. Poco a poco, las respuestas del  “amor de mi vida, este sí que sí” se alargaban en el tiempo y se complicaba enormemente el cuadrar las agendas y las citas para cenar juntitos, que eran sustituidos rápidamente por un uffff, tengo mucho trabajo, ya he quedado, hoy toca gimnasio o un aberrante me voy de viaje el finde con los colegas al que no se añadía pero quedaba más que claro, y tú no estás invitada.

Respuestas y actitudes que ella traduce en un nena, has pasado no al segundo sino al último de los lugares. Ha dejado de ser la prioridad y lo sabe, lo que la convierte casi irremediablemente en una especie de espía secreto especializada en vigilar las horas de conexión y desconexión del susodicho al whatsapp o al facebook. Vamos, que en apenas unos meses, ha dejado de ser la única mujer del planeta para su bienamado para ser una más del numeroso montón de tías a explorar.

Entonces, se mira en el espejo y, en un ejercicio de autoestima, se repite:  Hala, maja, él se lo pierde. Una frase vacua porque sabe que, en el fondo, el sentimiento continúa ahí, persistiendo y doliendo porque…¡¡el amor todo lo puede!!

Y cuando por fin la telefonea, ella entusiasmada se pone guapa por fuera y sexy por dentro. Se viste con un traje cortísimo que apenas cubre sus braguitas negras preferidas, a la espera de ser desposeída de ellas en un revolcón apasionado que, para su desolación, se ve transformado en un beso en la mejilla en la puerta de su casa mucho antes de que la media noche se marque en el reloj.

Patético, chica, hora de pasar página, se dice a sí misma en un alarde de entendimiento.

Tan absorta estaba en sus pensamientos que no le hizo ningún caso al joven que acababa de sentarse a su lado. Desde hacía rato la observaba disimuladamente, oculto tras un libro que sujetaba entreabierto en las manos. Pero ella ni se inmutaba, concentrada como estaba en sus divagaciones sobre el amor y, sobre todo, sobre el desamor.  

De pronto, el joven cierra el libro y le espeta: ‘¿Te gusta Pablo Neruda?’.

Ella le mira perpleja. ¿Y éste quién es ahora?, se pregunta observándole con los ojos abiertos como platos. ¿Neruda? dice, pero ¡si éste no sabrá ni quién es¡

– Pues sí. Mucho, ¿por?, le contesta intrigada, deseosa de saber cómo iba a acabar aquello.

– Puedo escribir los versos más tristes esta noche. Escribir, por ejemplo…, comenzó a recitar teatralmente el muchacho dejándose llevar por una inspiración cuasi divina.

– Ah, noooo, mi amor, esto sí que no – afirmó mientras agarraba veloz su bolso con una mano y con la otra, la correa del perro- Del amor… ¡ya no me creo nada!, resopló altiva mientras se perdía por la puerta de salida del parque.

Facebook: Josefa Molina 

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4 comentarios

  1. SI, BALBI, COMO SE SUELE DECIR ‘ EL GATO ESCALDADO DEL AGUA FRIA HUYE ‘. ME DIO UN POCO DE RISA LA REACCIÓN DE LA CHICA EN EL PARQUE..DESDE LONDRES, SALUDOS A TODOS LOS ESCRITORES-ESCRITORAS.

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