Y lo que ya no está -dice Sánchez Rosillo-
es el tema poético por excelencia
-digo yo ahora, sin pensar
en el desbordamiento que nos viene encima.
La superestructura que dispersa
la posible presencia
o el hueco inexplicable sobre el césped,
el vacío de un cuerpo
que ocupó forma y magnitud
y ahora vemos el abismo
de ser nada. Habitáculo solo
sin soledad, sin pero.
Sin gota que colmó el vaso,
sin olmo que pidiera peras
a la sintaxis.
Quizá en un sueño, en una sábana estuvo
o quizá vino aquí como un fantasma.
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Hoy escribo en las sábanas;
«las del amor, las de la muerte,
las de la vida».
Ahí nada transcurre, la noche
se hace día. Y las madrugadas
tejen sudor y sangre en el hilo de Átropos.