
A tu vera
Los luceros se van yendo,
dejando la tarde cálida,
las calles grisáceas.
Despacio,
como sombras corpóreas,
se dibujan las figuras
que salen de patios escondidos
ocultos tras los muros.
El atardecer invita,
convoca a los vivos
al ritual de unas horas.
Con la silla a cuestas,
algunas apoyadas en sus puertas,
convida a la celebración de la tarde;
risas que explosionan sin alboroto,
cantos que alegran y sacian las almas,
cuentos que narran,
cuentos que laten en la memoria,
respiraciones que oxigenan
las voces de un pueblo
que a tu vera
son ecos del mundo.
Rosario Ibrahím Armas