‘Régimen del mar’ de Fabio Carreiro Lago
Una reseña de María Gutiérrez
Memoria y territorio
Régimen del mar, el poemario de Fabio Carreiro Lago (Valparaíso Ediciones, 2025), es un viaje a través del océano, un itinerario elegíaco que arranca en el territorio perdido de la infancia para navegar por un mar, «no el de las azules sedas / el de la balsa de la medusa». La imagen lo dota de una dimensión histórica y trágica significativa y construye el universo que avanza a través de poemas que presentan una coherencia notable, versos con los que el poeta levanta la carta para una travesía emocional que transcurre desde el mar hasta la memoria: la memoria familiar y la búsqueda de un hogar forman parte de un mismo itinerario.
Desde las primeras páginas observamos que se trata de una obra articulada alrededor de un núcleo reconocible: la herencia. No la herencia material, sino aquella que se transmite a través de las historias familiares, los paisajes, las palabras y los afectos. La figura del abuelo marinero ocupa en este sentido un lugar central. Su presencia atraviesa numerosos poemas y adquiere una dimensión casi mítica, pero sin caer en la idealización. El abuelo aparece como un héroe cotidiano, un Ulises doméstico que regresa de la mar para quedarse dormido en el sillón de casa. A partir de él, la memoria familiar se convierte en una forma de conocimiento y de interrogar el presente.
El mar es, sin duda, el gran símbolo de la obra, pero no sólo como paisaje o referencia geográfica, sino como trabajo, emigración, deseo y pérdida. Es el espacio de los viajes del abuelo, pero también el lugar desde el que la voz poética construye su propia identidad. Como ocurre en la mejor tradición atlántica, el océano no separa territorios: los conecta. Galicia y Canarias aparecen unidas por corrientes afectivas, familiares y culturales que convierten el libro en una reflexión sobre la experiencia de vivir plegando orillas.
Uno de los aspectos más interesantes del conjunto es la manera en que transforma la geografía en autobiografía. Los lugares no aparecen como escenarios decorativos; playas, cementerios o aulas escolares se cargan de significado porque están habitados por recuerdos y experiencias. El paisaje se convierte también así en otra forma de memoria. Cada lugar contiene una historia, una pérdida o un aprendizaje. A medida que avanza la lectura, el libro desplaza sutilmente su centro de gravedad. Si al principio predominan la genealogía familiar y la evocación de la infancia, más adelante cobran protagonismo la vida adulta, la enseñanza, la amistad, las mudanzas y el amor.
La voz poética se muestra entonces como la de alguien que intenta encontrar una forma de permanencia en medio del cambio constante. Aparecen alumnos, compañeros de viaje, amistades, casas provisionales y ciudades habitadas temporalmente, elementos del presente que nos llevan a una reflexión sobre el desarraigo sin caer en el victimismo ni en la nostalgia paralizante.
El poemario es un viaje, una experiencia afectiva que va desde la mar hasta la casa. Frente a la intemperie, la poesía, lugar de refugio y pertenencia que facilita la búsqueda de la identidad, de nuevo a través de la memoria. En el proceso se incorporan con naturalidad referencias muy diversas, y aparece Paul Celan, Peter Pan o Foucault… con la misma legitimidad que los mitos clásicos o la historia familiar. Una fusión de culturas que no es ornamental ni gratuita, sino que constituye el imaginario personal del poeta, a través del cual interpreta la experiencia, el mundo. Imaginario enriquecido por el extraordinario bagaje lector de Fabio Carreiro Lago, un devorador de libros.
Formalmente, la apuesta por el verso libre, una sintaxis que recuerda por momentos el movimiento discontinuo de los recuerdos, y la ausencia de puntuación, generan un flujo similar al desorden con el que se nos presentan los sueños, pero que, fundamentalmente, habla del dominio elevado del ritmo que posee el poeta. Imágenes precisas y escenas cotidianas adquieren aquí una sorprendente profundidad simbólica, las cuales, junto con la esmerada utilización de los recursos expresivos, hacen del poemario una excelente muestra de su quehacer.
Es necesario destacar también la capacidad del autor para generar emoción sin caer en el sentimentalismo, extremo que es de agradecer. El poemario atraviesa los grandes temas de la literatura: la muerte, la ausencia, la pérdida, sin convertirlos en lamento. Una emoción que surge de detalles concretos, elementos sencillos que nos provocan evocaciones: unos zapatos heredados o una tarde de lluvia en clase, y es precisamente esa contención la que dota al conjunto de una autenticidad poco frecuente.
En Régimen del mar, bajo esa apariencia de sencillez, se esconde una notable elaboración lírica y literaria que nos habla de la madurez poética de Fabio Carreiro Lago, de su evolución desde sus primeros poemarios, donde ya se apuntaba, hasta conseguir una voz propia, original y diferenciada, única. Lo más valioso de esta obra es, probablemente, su capacidad para transformar la elegía en ternura. Frente al desgaste del tiempo y la pérdida, los poemas proponen el cuidado, la memoria y la atención a los otros como formas de resistencia. La llegada de un bebé, la persistencia de la amistad o la simple contemplación de un paisaje funcionan como afirmaciones de vida, como conjuros frente al olvido.
El poemario nos invita a reflexionar sobre cómo construir un hogar cuando la existencia obliga a abandonarlo una y otra vez. Entre la mar y la casa, los muertos y los vivos, la infancia y la madurez, el poeta compone una obra de unidad y profundidad emocional destacables. Una obra que encuentra en la memoria no un refugio inmóvil, sino una forma de seguir navegando.
