TE RECOMENDAMOS… ‘Sueños en el umbral’ de Fatema Mernissi

‘Sueños en el umbral’ de Fatema Mernissi

Una reseña de Maruja Salgado

Nacida en Fez, Marruecos, en 1940, y muerta en Rabat a los 75 años, Fatema Mernissi fue escritora, historiadora y defensora de los derechos de la mujer en el mundo islámico. Fue además, socióloga y toda una autoridad en estudios del Corán, en lo que destacó a nivel mundial. Desarrolló sus estudios universitarios en la Universidad Mohamed V de Rabat, de la que luego fue profesora, y en La Sorbona de París. En 2003 obtuvo el premio Príncipe de Asturias.

Entre su producción se encuentran ensayos como Sexo, ideología e Islam, Marruecos a través de sus Mujeres, donde estudia estadísticamente la correlación entre la alfabetización de las mujeres y el menor número de hijos, El harén político: el profeta y las mujeres. El amor en el Islam: a través del espejo de los textos antiguos, etc.

Sueños en el umbral. Memorias de una niña en el harén, es el libro protagonista de esta reseña. En él nos habla de su vida en un harén durante su infancia y primera adolescencia, asistiendo a una escuela coránica que era la única enseñanza permitida a las niñas en los años de la década del 40 del S.XX. Lo primero que nos llama la atención es la diferencia de esta vida, con la idea que tenemos de un harén poblado de azulejos, fuentes y odaliscas. Tanto su padre, como su tío, aunque sus creencias y medios económicos les permitían tener más de una mujer, eran monógamos. Las familias poseían habitaciones y salas privadas, pero sobre todo, convivían en patios y terrazas comunes donde las mujeres, niños y niñas, realizaban diversas actividades, como representar obras de teatro o escuchar a la narradora de cuentos. Colectivamente de igual modo, las mujeres creaban sus propios productos de belleza facial y corporal a lo que dedicaban un día a la semana, que culminaba con los baños en el hammam, sin que la desnudez de los cuerpos fuera un impedimento para que las mujeres, sus hijos e hijas gozaran de ellos conjuntamente. En el libro predomina la descripción de los espacios, de las actividades que realizaban, de las características de los personajes, y del momento político de Marruecos invadido por Francia, sobre la narración de la historia. Tengamos en cuenta que es la visión infantil que Fatema tenía a los 8 ó 9 años la que nos llega, pues el libro está contado en primera persona por esa niña. Vemos cómo se va relacionando con diferentes mujeres, obteniendo de cada una de ellas valores para enfrentarse a la vida y pensamientos con los que reflexionar. Estas mujeres, dentro del harén, mantenían estatus bien diferentes. El máximo poder lo tenían las abuelas. Según fuera el rango, era también el lugar físico donde desarrollaban su vida. Sí tenían todas algo en común, la prohibición de salir a la calle, salvo en muy contadas ocasiones y siempre previo permiso del marido. Las mujeres vivían con la obsesión de cruzar el umbral, de descubrir el mundo del otro lado.

Por otra parte, también se describe otro tipo de harén, en el que vivía la abuela materna de la protagonista, en pleno campo, con mucha mayor libertad y contacto directo con la naturaleza.

El que predomine la descripción, algo así como dejar constancia con la ingenuidad de una niña, del modo de vida del harén, no es óbice para que el lenguaje sea bello. Aquí dejo un ejemplo:

“Viajar es peligroso y las mujeres no pueden defenderse. Tía Habiba, que había sido repudiada y despedida súbitamente sin motivo alguno por un marido, a quien amaba tiernamente, decía que Alá había enviado a los ejércitos del Norte a Marruecos para castigar a los hombres por violar la hudud que protege a las mujeres…”

“Contemplar el cielo desde el patio era una experiencia abrumadora. Al principio parecía domesticado a causa de aquel marco cuadrado hecho por la mano del hombre. Pero luego, el movimiento del lucero del alba, que se desvanecía lentamente en el profundo azul y blanco, se hacía tan intenso que lo mareaba a uno…”

Maruja Salgado

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