Loli Pérez – Pobre mamá

Pobre mamá

Tardé bastante en ver la viga
atravesada en el ojo de mi madre.
Hablaba poco
y no se le notaban sus constructos erróneos.

Descubrí, ya de mayor,
que llevaba el peso de una losa en cada brazo.
Para eso servían los libros en su infancia,
¡ojalá los hubiera leído…!

Un día le pregunté
por qué llevaba raspadas las rodillas.
Y, me dijo: - ¡Calla, anda!
Luego supe que entraba de rodillas,
cada domingo,
hasta la imagen de Santa Rita.
Y se me ocurre que, tal vez,
suplicaba por la salud de mi padre,
que padecía de embriaguez profunda
o, por la nevera,
que siempre manifestaba una anemia severa.

Así, poco a poco, entendí
la viga atravesada en el ojo de mi madre.
Ella hablaba poco.

Le habían dicho desde niña
que la mujer que hablaba mucho
se quedaba sin marido.
Mamá se casó a los diecisiete
-tampoco es que tuviera tiempo
para hablar demasiado-.

Le arregló el matrimonio la abuela.
Y el matrimonio temprano
había asegurado que no le diera tiempo a pensar…
¡y mucho menos a hablar!

Mamá, además, quiso tener hijos,
¡muchos hijos!
como Maruquita la de Antoñito,
que tuvo dieciocho
y Franco le había obsequiado,
por servicio a la patria, con dos pisos

Mamá tuvo doce hijos.
Porque ella, que vivió en una cuartería,
también quería tener una casa bonita.

Loli Pérez (Lola May)

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