TE RECOMENDAMOS… La pluma del arcángel, de Carlos Álvarez

La pluma del arcángel, de Carlos Álvarez

Una reseña de Mar Zeraus

Este libro fue el ganador en 1998 del prestigioso Premio de Novela “Benito Pérez Armas”. Certamen que cada año convoca Cajacanarias en Tenerife. Escrito por el periodista, guionista y editor, Carlos Álvarez, ha sido publicado en diferentes editoriales como Alfaguara u Hora Antes.

Nos encontramos con una novela histórica. Narra la llegada del inquisidor Ximénez a la ciudad del Real de las palmas. Esos primeros años cuando la ciudad sufría continuos asaltos por los piratas, y el gobernador Diego de Herrera, con su claridad de ideas, la protegía. Esos tiempos de asentamiento y mezclas de grupos llegados desde diferentes lugares: genoveses, moros, españoles, americanos, etc. Refleja la lucha entre la iglesia y la política, tras la llegada del inquisidor, ese pulso continuo entre Herrera y Ximénez. Nos muestra cómo vivían en la ciudad y en el campo, la cultura y hechicería, las relaciones matrimoniales, la crianza de las hijas, el valor que se le daba a las cosas. Cuenta, de forma amena, la Historia a través de la vida de los personajes.

Tiene imágenes con una cierta crudeza y dolor, bien narrados, que te hacen sentir que lo ves o lo hueles. Hay un personaje central, Nemesio Quiroga, que es el pregonero, uno de esos oficios desaparecidos, y que tan importantes eran entonces, que nos revela la inocencia, la ironía, la bondad, un personaje necesario en el desarrollo de la novela. No es una narración compleja, aunque sí utiliza muchas palabras cultas o atemporales (mancebía, aceifa, alarife, bernegal, adarga, sayón, morrión, arriaz, personero, etc.); esto tiene su lógica por el momento que refleja. Algo que, particularmente, me gusta, ya que me permite aprender con el diccionario en la mano. Utiliza frases largas, así, podemos extraer un ejemplo al azar: (página 22)

«A las cruces del secretario siguieron las de Pedro de Jaén y de pronto, al rostro de Antón Carreño llegó el terror y empezó a patear el suelo, a darse cachetones por las piernas y por todo el cuerpo como quitándose de encima bichos que debía ver; se subía a la silla huyendo de ellos y caía al suelo, se revolcaba gritando, y gritando se estiraba y terminó acurrucándose, cada vez más encogido, en una esquina sin dejar de darse manotazos cada vez más débiles.»

La estructura de la novela tiene su juego, intentando terminar de forma circular. Esto te hace esbozar una sonrisa, por lo menos a mí me sucedió.

Una novela de 216 páginas, en una edición cuidada, agradable a la lectura.

Las novelas históricas siempre ayudan a entender la historia, y sientes que el tiempo es doblemente aprovechado. Lo recomiendo.

Mar Zeraus

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