Inma Flores – Lo que realmente nos salva

Lo que realmente nos salva

Se miró al espejo. Sonreía, como hacía mucho tiempo que no lo hacía. Feliz y satisfecha, esas eran las palabras que la definían. Acababa de graduarse con muy buenas notas.

Dos años atrás, en una fiesta de fin de curso, conoció a Paco. Él era hermano de una de sus compañeras de clase, un hermano mayor al que era la primera vez que veía en su vida. Le llamó la atención por sus increíbles ojos negros, su forma de mirar (que parecía traspasarle hasta el alma), y porque estaba en un rincón tocando la guitarra.

Las miradas no cesaron en toda la noche. Al final hablaron y compartieron unas sonrisas. Él la invitó a dar un paseo al día siguiente, y ella accedió. Así sucedió cada tarde de aquel caluroso mes de julio.

Ya se habían besado, apasionadamente, bajo la luz de las estrellas. Eso une, une muchísimo. Se preguntó que cómo surgió el amor entre ellos, y no hubo respuesta lógica, pero sí un sentimiento que la invadía, como si fuesen rayos en una tarde soleada, o quizás la misma sombra de algún edificio que la iba cubriendo poco a poco, llegando a sentir frío. Quizás es así como fue, despacio, y sin percatarse de ello.

Sin lugar a dudas ya estaba enamorada, era la primera vez que sentía algo tan intenso, por eso jamás dudó en dejarle cuando él le dijo que estaba pendiente de que un juez dictase una sentencia y que probablemente entraría en la cárcel. Así fue, le condenaron por homicidio y tuvo que ir a prisión.

Cuando te dicen algo así sientes como si te hubiesen dado un golpe en la cabeza y ni siquiera puedes pensar en qué hacer. Si además te han educado creyendo que el amor lo puede todo, que a todo el mundo hay que darle una segunda oportunidad, no ves problema alguno en apoyar al amor de tu vida. Sólo vio impedimentos para seguir paseando con su amado cada día, y lo sufrió en silencio, creyó en él. Confió en él con tanta certeza que ni él mismo hubiese llegado a confiar jamás así en sí mismo.

Todos podemos tener una reacción inesperada ante un abuso donde las consecuencias puedan ser esas, seguro que ella también se habría defendido con uñas y dientes, con lo necesario, en una situación como la vivida por Paco.

Fueron días muy tristes, le costaba concentrarse en los estudios. Era muy duro ver a la persona amada tras un cristal y unas gruesas rejas, sin poder tocarse, sólo mirarse y decir que “todo va bien” y lo mucho que aún se aman.

Unos meses más tarde él ya pudo salir un fin de semana, luego otro… pronto estuvo saliendo entre semana para ir a trabajar, aunque tenía que ir, cada noche, a la prisión. Fueron días durísimos, que se superaron a base de amor e ilusión.

Un domingo, en la playa, tomando el sol en un lugar apartado, él la violó. Ella le dijo que no, cuando le sintió encima, tirando de la braga de su bikini, pero él a pesar de oírlo, no escuchaba. Había alguien mirando mientras se besaban apasionadamente, y quizás eso le excitó. En ese instante el amor salió huyendo de su corazón. Sintió ganas de tirarle arena a los ojos. Rabia. Un vacío tan grande que llegó a dudar de todo. ¿Cómo podía llegar a estar sucediéndole eso? En cuanto pudo zafarse corrió hacia la carretera y no paró hasta llegar a su casa. Fueron unos 30 minutos eternos, caminando avenida arriba, con un sol de justicia, y el rostro lleno de lágrimas, que apenas le permitían ver.

Yo conoció su parte oculta, esa que jamás pensó que existiría. Cuánto dolor es capaz de soportar alguien enamorado, ¿o es quizás a la inversa y el dolor tritura cualquier amor?

El fin de semana siguiente él insistió en hablar con ella. Se empeñó en ir a una discoteca. No quería, pero al final, como iba una hermana de él y su novio, accedió, no vio peligro en ir con otra pareja y pensó que se le iba a disculpar, a dar una explicación, porque ella seguía sin entender nada de lo sucedido.

Esa noche comprendió que no existen las segundas oportunidades para algunas personas. Él estaba en la barra, bebiendo ginebra con cocacola, un olor que ella aún no soporta, mientras ella bailaba con sus cuñados. De repente vino él, estuvieron un rato en la pista de baile mientras sonaban los lentos. No se percató de que la otra pareja se había ido hasta que él le apuñaló el alma con una frase: “He hablado con alguien, para que te acuestes con él, y vamos a medias”. Ella se quedó de piedra, no entendía. Le miró fijamente a los ojos, lo que estaba escuchando no podía ser real. Acababa de cumplir los 18 años unos meses antes, ¿estaría él esperando a eso para hacer tal canallada?

Le preguntó por su hermana de él y el novio, y le dijo que se habían ido ya, que se despidieron saludando con la mano… que si no los había visto. Ellos habían ido a la discoteca de compromiso, ante la insistencia de él, porque sino la joven no habría accedido a ir.

Ante un dolor tan intenso, como el de quemarte con un fuego que viene a engullirte, instintivamente huyes, y esa fue la necesidad que sintió, la de salir huyendo

Por no llevar bolso, tenía la costumbre de dejarle para que guardase en el bolsillo de su vaquero la llave de su casa y su dinero, bien guardados en un monedero pequeñito que ella misma había hecho de ganchillo, con un botón rojo en forma de corazón. Le exigió que se lo devolviese, él se negaba.

En ese instante vio que el portero de la discoteca era un antiguo compañero de colegio, Pablo, el que hacía siglos que no sabía nada, pero en el pueblo todos se conocían, así que aprovechó y le amenazó:

— O me das mis cosas, o hablo con Pablo y en nada está la policía aquí. ¡Mira que me pongo a gritar!

Él, ante el miedo a la policía, pues el permiso era domiciliario y no podía salir de casa, le dio el monedero. En ese instante ella salió corriendo y cogió un taxi, hasta su casa. Ahí acabó esa “maravillosa historia de amor”, que la marcó, sí, pero también la hizo más fuerte, y de la que aprendió dos cosas importantes: Ni se dan segundas oportunidades, ni se deja las llaves de casa y el dinero en poder de otra persona.

Ella se quería, en su casa le habían enseñado valores, los valores que ahora le fueron tan necesarios para poder huir del terrible futuro que “su amor” había ideado para ella.

Sí, escapó por amor, por amor propio. El otro amor, en el que todos pensamos cuando escuchamos esa palabra, si no es correspondido en la misma medida o si carece de respeto, no existe…

Inma Flores

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