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Diario de invierno, de Paul Auster

Una reseña de Pepa Marrero

Paul Auster es un escritor, guionista y director de cine. Fue nombrado Caballero de la Orden de las Artes y las Letras de Francia en 1992 y recibió el Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 2006. Nació en Newark, Nueva Jersey en 1947, en una familia judía de ascendencia polaca.

Este diario lo escribió cuando le faltaba un mes para cumplir sesenta y cuatro años. Es un repaso por toda su vida tomando como referencia las casas en las que ha vivido. El primer recuerdo que relata es de cuando tenía seis años. Utiliza el narrador en segunda persona, por lo que en todo momento está contando las cosas a sí mismo, aunque también el lector se siente aludido. Los hechos no están narrados cronológicamente. Por momentos habla de algo que vivió en la adolescencia y acto seguido, de algo acontecido a los cinco años y seguidamente de una observación que hace en tiempo presente. Todo lo cuenta desde las sensaciones. Digamos que se va dejando llevar por los recuerdos de las sensaciones y por eso va saltando de un momento a otro contínuamente. Todo lo cuenta desde las sensaciones físicas, desde el dolor, el placer, el olor…

Creo que más que un diario, Auster escribió un libro de recuerdos porque va contando según le van viviendo las cosas a la memoria. Aún así, me parece que tiene una gran capacidad descriptiva que hace que el lector pueda sentir lo que sintió él, teniendo en cuenta que son sensaciones del recuerdo.

También me parece que aprovecha este libro para desnudarse porque hay mucha sinceridad, aparentemente porque ya sabemos que la literatura siempre es ficción. Pero hace un repaso por todos las facetas de la vida. Desde su primer recuerdo, cuando era tan pequeño que describe la cercanía del suelo y de las cosas que había por donde sus diminutos pies pisaban, como aquella moneda gigante desde su perspectiva. También cuenta accidentes, el descubrimiento del sexo, las masturbaciones, la primera experiencia sexual con una prostituta, la muerte de su madre y un largo etcétera hasta llegar al momento actual de su vida.

Me ha resultado curioso el recurso de las casas en las que ha vivido para contar sus recuerdos y, por supuesto, me parece admirable su técnica. Por otro lado, confieso que de lo poco que he leído de este autor, me quedo con ‘El libro de las ilusiones’. Su lectura la recomiendo más como ejemplo del manejo de recursos y habilidades para la escritura que como una historia en la que se nos coge de la mano para disfrutar por los entresijos del universo imaginario del autor, como hacemos por lo general.

Pepa Marrero

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