TE RECOMENDAMOS…Encontraste el alma, de Edith Södergran

Encontraste el alma, de Edith Södergran

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Una reseña de Manuel Díaz Martínez 

Una espléndida sorpresa con la que me ha obsequiado este año, en lo que a lecturas se refiere, es el descubrimiento de la autora finlandesa Edith Södergran (1892-1923), cuya poesía completa, bajo el título de ENCONTRASTE UN ALMA, ha publicado Nórdica Libros (Madrid). El prólogo es de Elena Medel; la traducción, de Neila García Salgado. Södergran fue poco conocida en su tiempo y, según la información de que dispongo, LA LIRA DE SEPTIEMBRE –uno de sus libros más personales, inmenso libro doloroso que en el presente año cumple un siglo de publicado– fue mal recibido por la crítica de su época. A él corresponden los tres textos que siguen.

NOTA INTRODUCTORIA

Que mis poemas son poesía nadie lo puede negar, que están en verso no quiero yo afirmarlo. He intentado dotar de ritmo a algunos poemas obstinados y he observado así que sólo desde la libertad absoluta poseo el poder de la palabra y de la imagen, es decir, a expensas del ritmo. Mis poemas deben tomarse como descuidados bocetos a mano. En lo que respecta al contenido, dejo que mi instinto construya a partir de lo que mi intelecto presencia en actitud expectante. La seguridad que tengo en mí misma se debe a que he descubierto mis dimensiones. No me conviene hacerme menos de lo que soy.

JACINTOS FUERTES

No me harán creer en moscas repulsivas
–venganzas y pequeños deseos.
Yo creo en jacintos fuertes, rezumantes de néctar ancestral.
Los lirios curan y purifican como mi propia agudeza.
No me harán creer en moscas repulsivas
que esparcen hedor y contagio.
Creo que las grandes estrellas allanan el camino a mi deseo
en algún lugar entre el sol y el sur, el norte y la noche.

(1916)

EL MUNDO SE BAÑA DE SANGRE

El mundo se baña de sangre para que Dios pueda vivir.
Para que perviva su grandeza, ha de morir todo lo demás.
¿Qué sabemos las personas de cómo lo eterno languidece
y de qué beben los dioses para alimentar su fuerza?
Dios quiere volver a crear. Reformar el mundo. Que sea
un símbolo más claro.
Por eso se ciñe un cinturón de relámpagos,
por eso lleva una corona de espinas en llamas,
por eso cubre la tierra de noche y ceguera.
por eso mira severo. Sus manos de creador aprietan con
fuerza la tierra.
Lo que crea nadie lo sabe. Pero como un temblor se mueve
por sentidos adormilados. Es como un vértigo ante la mirada
de abismos.
Antes de que prorrumpan coros clamorosos en un salmo
el silencio reina igual que en el bosque antes de salir el sol.

(1918)

 

Manuel Díaz Martínez 

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3 comentarios

  1. Una poesía muy singular, con una concepción de lo divino cercano al Marqués de Sade. Preciosa reseña. Gracias por acercarnos, Manuel Díaz Martínez, a esta autora completamente desconocida para mí.

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  2. Interesante reseña de una autora desconocida para mi. Mil gracias, Manuel Díaz Martínez, me acerco a esta escritora con interés y curiosidad.

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