TE RECOMENDAMOS… La soledad de los números primos, de Paolo Giordano

La soledad de los números primos, de Paolo Giordano

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Una reseña de Eva Cubas

A todos nos asusta la soledad. Me refiero a ese inefable vacío, a la ausencia de un tiempo feliz en que las emociones compartidas puedan abrazarse en un momento infinito. Cuando nos adentramos en la narración  de  “La soledad de los números primos”, de Paolo Giordano (Ed Salamandra, 2009) podemos sentir la presión de experiencias y  deseos incomprendidos  entre personajes que  de forma imprevisible pero certera, se van desnudando entre los segundos definitivos que explican su aislamiento, producto de una serie de coincidencias en medio de la fragilidad y la crueldad infantil  con que el aliento vital puede extenuarse. Haciéndonos partícipes de la historia de Alice y Mattia, ambos  quebrados por accidentes  durante la infancia, Paolo Giordano nos enfrenta como lectores al irreprimible deseo de buscar un encuentro en sus trayectorias, de liberarles de un destino insalvable de existir como números primos gemelos. Mattia es un niño superdotado de siete años que tiene una hermana melliza discapacitada psíquica a la que abandona un día en un parque y no vuelve a ver nunca más. Al mismo tiempo que Mattia sufre esta experiencia traumática, Alice tiene un accidente de esquí que la dejará coja. Ambos viven una infancia condicionada por las presiones y los errores de los padres: la madre de Mattia le obliga a hacerse cargo constantemente de su hermana convirtiéndolo en responsable de su desaparición; Alice se ve obligada a practicar esquí a pesar de no gustarle y a responder de este modo a las expectativas de unos padres más preocupados por su apariencia que por las necesidades de su hija.

Las actitudes de los dos niños con el paso del tiempo, les sumergirán en unos caminos antisociales y de automarginación. Su comienzo en los cuales el autor se basa para el posterior desarrollo psicológico de los personajes son agobiantes y nos atrapan al instante. La estructura de la obra, en capítulos alternos en protagonismo de los personajes hasta la unión de sus vidas, nos deja expectantes respecto al despliegue de la acción. Y es a partir de este momento en el que la novela, nos conduce al vértigo de  las fronteras de nuestra propia soledad como lectores.

Paolo Giordano  es una joven promesa de las letras italianas contemporáneas. Físico de formación y nacido en Turín en 1982, con  La soledad de los números primos, su primera novela, ganó el Premio Strega y  ha sido traducida a más de 23 idiomas. Inicialmente titulada “Dentro y fuera del agua” Giordano acepta la propuesta de su título definitivo de parte de su editor, A. Franchini,  como  metáfora  para orientarnos en la complicada aceptación del fraude en nuestras expectativas como observadores solitarios  de su historia: a pesar de toda una atracción compartida, de una confianza inexplicable entre uno y otro personaje,  de ser  capaces de comprenderse y apoyarse porque ambos han vivido experiencias que los acercan, muros  infranqueables pondrán a prueba la fusión amorosa de sus complejos y sutiles rasgos psicológicos. En palabras del propio autor, el tema de la novela representa a un cierto sector del mundo juvenil de la burguesía opulenta, que olvida la absoluta soledad de sus hijos y el abandono de sí mismos ofreciendo incansablemente comodidades que escondan la distancia afectiva construida entre ellos.

Paolo Giordano nos presenta veinticinco años de paisajes emocionales y familiares compartidos por Mattia y Alice en un estilo descarnado y detallista con el que podemos sentir la densidad emocional que inevitablemente  separa sus vidas.  Como esos números primos gemelos, entre los que siempre se interpone un número par, su soledad, se va acrecentando y siendo insostenible:  sus vidas serán paralelas pero a años luz uno del otro. Ese abismo matemático, mágico y poético, al que se someten les arrastra: cada vez más distantes, cada vez más solitarias y erráticas. La vida les apartó desde un principio de un final compartido, de la misma forma en que, en el mundo de la necesidad matemática, números como el 11 y el 13, el 17 y el 19 permanecen próximos pero sin llegar a tocarse nunca. Vidas como las de Mattia, las de Alicia, las de la propia lectora que les habla  hecha de memorias, de fragmentos preciosos que nos dispara a una soledad desarraigada de la que nos convence el autor como si de una verdad matemática se tratara.

 

Eva Cubas

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4 comentarios

  1. Hace pocos días estaba recordando esta novela maravillosa. La leímos en un club de lectura en Barcelona en el año 2010 e hice una exhaustiva reseña. Me gusta mucho la brevedad y precisión de esta reseña. Recomiendo a cualquiera que la lea, que se anime a sumergirse en este libro doloroso de un autor de una enorme profundidad a pesar de su juventud. Pensemos que escribió esta novela a los 26 años. Enhorabuena, Eva Cubas.

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