FOTO-RELATO La vida fatal

La vida fatal

arboles

He escuchado tanta veces decir que la imaginación se había terminado para siempre y que nunca volvería a aparecer. Sin embargo, aún recuerdo lo que me contó mi amigo Miguel cuando estábamos regresando una tarde a casa.

Me relató que en un pueblo llamado “el Edén de los indigentes” había vivido un hombre cuarentón con su pequeña familia, compuesta por su esposa, Alicia, y sus dos hijos. La familia era muy pobre pero, pese a que no tenían dinero, eran personas muy alegres. El hombre se llamaba Daniel y era leñador. La pequeña familia habitaba en una casita hecha de cañas, muy sucia y pobre.

Una mañana el hombre se levantó muy temprano y se fue a recoger leña para satisfacer las necesidades económicas a su familia, como era costumbre. Al llegar al bosque, empezó a talar las ramas de un árbol, repentinamente, tuvo lugar un hecho asombroso e imprevisible, algo que solo se suele producir en los cuentos de hadas. El árbol le dijo, con una voz cargada de una expresión frustrada y desolada: “¿por qué estás cortando mis manos sin compasión ni piedad?”. Al oír las palabras del árbol, el leñador permaneció paralizado, sin poder hacer ningún gesto ni decir una sola palabra.

Pasados unos minutos, contestó: “si no hubieras sido un árbol no habría encontrado nada para mantener a mis hijos ya que tú eres la única respuesta a nuestro sustento, además, debes comprender una cosa más y es que somos iguales, seres vivos creados por Dios, pero el sustento y la bendición se derraman de la mano del creador y no vienen por naturaleza”.

El hombre, sin atender a lo que el árbol le comentaba, siguió talando sus ramas y, de nuevo, el árbol se expresó con un tono dichoso, algo increíble: “Oye, pobre hombre, te propongo una cosa, si no vuelves a cercenar mis manos te daré cada día una pieza de oro”. El leñador, con alegría, contestó: “sí, por supuesto, acepto tu don”. Regresó a la cabaña y se lo dijo a Alicia, su mujer quien se puso muy contenta y comentó: “cada día una pieza de oro, eso significa que durante dos años seremos ricos y prestigiosos . También podremos comprar una casa en la cuidad como los demás y viviremos en una sociedad con normas junto a gente modesta y tolerante”. El hombre se iba cada día al bosque dirigiéndose hacia el árbol a coger la pieza de oro menos el sábado porque, tal y como le había advertido el árbol, cada sábado hacían una fiesta con respecto al rey y la reina de los árboles.

Una mañana, el hombre salió corriendo y dirigiéndose hacia el árbol como de costumbre, al llegar sucedió un hecho que cambió totalmente la corriente de los acontecimientos. El árbol que le ofrecía a diario una pieza de oro había desaparecido sin dejar huella alguna.

Cuando habían pasado varias semanas de su desaparición, el leñador descubrió que había sido su hijo quien le había amputado las ramas porque en algún día cuando estaba en la cabaña, escuchó a sus padres hablando de ese maravilloso árbol. Al enterarse de lo que habían dicho al respecto, el hijo se quedó de pie sin hacer ningún movimiento. Días después, se produjo un hecho inesperado e imprevisible, un suceso que atrajo la atención del pueblo entero. Cuando el leñador estaba volviendo del mercado donde vendía las leñas a la cabaña, se sorprendió al ver a su hijo muerto a orillas del río. Al verle tendido boca arriba en el suelo, rodeado de mucha sangre como si estuviera en una laguna sanguinaria, permaneció de pie delante sin hacer ni un solo gesto porque lo que vieron sus ojos  era algo increíble. Daniel halló a su hijo sin manos ni piernas, y fue entonces cuando se percató de que su hijo había sido asesinado por el árbol. El leñador se fue corriendo hacia él y le preguntó por qué había matado a su hijo de esa manera. “Debes entender que siempre ocurren cosas fuera de nuestra voluntad, fuera de lo frecuente , fuera de la mano de los pobladores de tierra y fuera de los poderes del dinero y del lucro. Yo no lo asesiné deliberadamente, tenía mis razones”, le replicó.

El leñador marchó a su casa para anunciarle a su esposa lo que había pasado con su hijo. La mujer se puso a llorar preguntándose por qué les sucedía aquello.

La pareja siguió viviendo en tristeza, desesperanza y desilusión. Nadie puede percibir lo que siente una pareja que estaba viviendo en paz y serenidad, al lado de gente buena, llena de amor y digna de gran respeto y de repente pierde su hijo.

Tres años más tarde, Alicia dio a luz a un nuevo niño que, como si fuese un gorrión volando alegre y libremente, vino para propagar el amor y la felicidad entre sus padres. Le llamaron Juan como su abuelo que también había muerto desde hacía años de la misma manera que su nieto: asesinado por un árbol. Tal vez, la familia de Daniel estuviera maldita por Dios…

Cuando el leñador estaba regresando a su cabaña, encontró a su pequeño hijo jugando al lado del árbol maldito. Regañó a su hijo “si vuelves a acercarte a este maldito árbol ,te azotaré, ¿es que no sabes cómo tu hermano mayor fue asesinado por él?”. “Papá, en esta vida mundana nada es perdurable ni arbitrario”, le replicó alegremente.

El niño seguía jugando cada día delante del árbol . Pero en una soleada mañana, el árbol le habló al niño diciendo “¿tú eres el hijo del leñador ?”. Al oírlo, el niño huyó dirigiéndose hacia la cabaña diciendo a su padre lo que tuvo lugar.

El padre dicidió poner fin a ese horroroso árbol. Así que pensó en quemarlo por completo y volverlo ceniza. Eso es lo que hizo. De esta forma,  se libraron de la carga más abrumadora de ese maldición.

Desde ese día, en el pueblo imperaba el clima de la tranquilidad, la paz y la serenidad como si fuera una vida en el cielo con los ángeles.

Todo el mundo en el pueblo se puso feliz por motivo de la anquilación de ese monstruo hecho árbol, que sembró el espanto, el temor y el escalofrío dentro del corazón de los pueblerinos. Eso sí, desde aquel día nadie volvió a acercarse al bosque.

Facebook: Ayoub Gaylha

 

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