Isla que respira por dentro
No todo en la isla es postal,
ni todo volcán es de fuego.
Hay grietas que no se ven
y sin embargo duelen lento.
La tierra guarda el temblor
de quienes no hacen ruido,
de los que aprenden a irse
aunque siempre se han quedado.
El mar no es solo azul:
es frontera, es pregunta,
es una línea que tiembla
cuando alguien no llega nunca.
Aquí el sol también cansa,
también pesa en la espalda
cuando el futuro se vende
y el presente se embala.
Pero la isla resiste,
no en pancartas ni gritos,
sino en manos que siembran
aunque el suelo esté herido.
Y en cada paso pequeño,
en cada gesto sencillo,
late una forma de lucha
que no entiende de olvido.
José Vidal
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