TE RECOMENDAMOS… Blanco nocturno, de Ricardo Piglia

Blanco nocturno, de Ricardo Piglia

blanco-nocturno

Una reseña de Eva Cubas

El inesperado paso de la salud a la enfermedad te hace sentir extrañamente acorralada en un tiempo que ya no es tuyo: te encierran en una habitación de hospital y debes adaptarte al régimen cotidiano de medicamentos, baños, visitas del doctor y otras inconveniencias de rigor que asumes estoicamente al compartir habitación. Todo lo que pudieras haber sido antes de convertirte en enferma se reduce a un cuerpo fallido incapaz de realizar otra labor que dejar pasar el tiempo a la espera de la feliz sanación. Sueñas con salir corriendo al ansiado mundo que añoras en interminables madrugadas salpicadas de lamentos, de vidas al límite, de decadencias ajenas, de muertes. Lo peor de todo es que, por mucho que te expliquen, no terminas de entender la razón por la que acabaste allí tirada. Para evitar problemas, aparentas ser la modelo inquebrantable de tu cuadro médico, ofreciéndote gustosa a consumir, debidamente ayudada por auxiliares y enfermeras, todas las sustancias mágicas con que la industria farmacéutica liberará a tu cuerpo del mal. En este estado casi hipnótico, de abandono, me dediqué a la lectura de Blanco nocturno, de Ricardo Piglia, (Adrogué, Buenos Aires, 1941). La acción de Blanco nocturno se desarrolla en un pueblo de la provincia de Buenos Aires a comienzos de los años setenta del siglo pasado, y se dispara con el asesinato de Tony Durán, un mulato puertorriqueño criado en los Estados Unidos.

Este había llegado al pueblo de la mano de las hermosas gemelas Belladona, hijas y nietas de sus fundadores, una familia de inmigrantes italianos que hicieron fortuna tras expulsar a los indios de sus territorios. La esmerada reconstrucción de los hechos realizada a lo largo de la novela por el comisario local Croce nos trasladará a la historia del lugar y sus gentes, pasiones, conflictos, traiciones e intereses encontrados de tal forma que, la identidad del asesino, descubierto mucho antes de que la novela finalice, quede en segundo plano respecto a la ubicuidad de su culpa, difuminada en las relaciones de poder del paisaje local.

A medida que nos adentramos en la violencia de las obligaciones, los chantajes, traiciones e intereses que giran en torno a la muerte de Durán, Piglia, antes de darnos la satisfacción de desvelar los entresijos de un misterio particular, nos convence de la impotencia frente al hacer colectivo, que aparentemente dormita en la quietud de la pampa, pero se agita amenazada por los cambios que les tendrán preparados las transformaciones socio-económicas de ese período histórico. Gracias a Blanco nocturno se duplicó el tiempo dilatado y denso de mi convalecencia en el palpitar de personajes que indagaron en mi identidad, en la naturaleza de mi paisaje. Alimentaron la errática experiencia hospitalaria orientándome en la noche con el destello de una novela policíaca donde la vida y la muerte también se diluyen en la complejidad de acontecimientos que se resisten a ser definitivamente aclarados.

Víctimas y culpables quedaron a disposición de la lectora, sumergida gracias a la excelente prosa de Piglia en los entresijos de una comunidad pequeña y cercana pero engañosamente previsible como la de los órganos de tu cuerpo.

Facebook: Eva Cubas

Anuncios

Un comentario

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s