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Los dolores del alma

luisa-chico

No hace mucho, al hilo de analizar unas pruebas médicas que me habían hecho, alguien que ostenta el título de doctor me dijo estas palabras: No tiene de que preocuparse, son solo los dolores del alma (del almanaque). No era la primera vez que algún erudito de la medicina me decía lo mismo con mayor o menor diplomacia. Lo que me ha hecho reflexionar sobre el alma y sus dolores.

Digan ellos lo que digan, con respecto a que no debo preocuparme, evidentemente me preocupa, porque es como si el paso de los años fuera de la mano con los achaques llegados o por llegar a nuestra vida sin remedio ni solución. A pesar de mi esfuerzo por paliar dichas molestias ellas siguen ahí, pegadas a mi cuerpo y a mi día a día impidiéndome hacer, en el tiempo que me quede por transitar aquí, algo digno de ser vivido.

Aún así hay unos dolores del alma que me preocupan todavía más, me refiero a los del alma de verdad, esa materia intangible que alimenta nuestro envoltorio terrenal. Cuando ella llora los dolores del cuerpo se minimizan y casi desaparecen. El almanaque deja de ser protagonista dejando paso a otros sufrimientos mucho más importantes y difíciles de obviar.

Hace mucho que uso la escritura como terapia saludable, un día me di cuenta que escribir y guardar no ayuda mucho a curar heridas, y decidí compartir públicamente casi todo lo que escribo, al fin y al cabo la edición de un libro es algo cara para mis posibilidades y no soy tan buena como para que un editor se interese por mi trabajo; hoy leí en un artículo algo que me hizo comprender, de una vez por todas, qué me impulsó a dar de mi todo lo que todavía hubiera por dar, al menos a través de mis escritos. No recuerdo la frase exacta pero venía a decir que cuando escribes solo para una persona (o sea, para ti mismo) estás propiciando algo similar a un suicidio literario. El suicidio, sea del tipo que sea, no entra dentro de mis planes para los próximos 50 años, así que… ahora lo comparto todo. Es más me he atrevido incluso con la poesía, algo que había obviado en mi trabajo por considerarme una analfabeta total en un género del que me declaro adicta y al que siempre respeté, principalmente porque considero el lenguaje poético como la expresión más pura del alma y… yo no estaba dispuesta a dar tanto de mi hasta ahora.

Pero si el cuerpo duele, el alma mucho más, y si ponerlo por escrito ayuda a suavizar las penas y a restañar heridas, viejas y nuevas… Escribamos.

Facebook: Luisa Chico

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2 comentarios

  1. Precioso tu relato Luisa, y con muchas realidades hilvanadas entres los renglones. Como te dice Carmela, no dejes de escribir, cada día —como sugiere siempre Santiago Gil—, y sin importarte de lo bueno o malo que sea, si va a gustar al lector o no, porque si disfrutas haciéndolo eso se va a transmitir y siempre hay alguien que se va a sentir identificado con lo que dices y hará suya tu voz. Un abrazo.

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