TE RECOMENDAMOS…Faycan, memorias de un perro vagabundo, de Víctor Doreste

Faycan, memorias de un perro vagabundo, de Víctor Doreste

Una reseña de Rubén Mettini

Foto_Faycan_1968

A Víctor Doreste podemos definirlo sin error como un gran diletante. Nació en 1902 en Las Palmas. Fue un músico precoz. Estudio piano y compuso Cinco Suites –una obra basada en cantos canarios–, estrenada en 1926. Luego abandonó el piano para aprender guitarra y ofreció muchos conciertos de este instrumento en la década de los 30. Pasada la Guerra Civil abandonó la música y se dedicó a escribir artículos periodísticos y artísticos en el Diario de las Palmas. También inventó muchas adivinanzas. Fue poeta, compuso sainetes y zarzuelas y, en medio de toda esa actividad desordenada, escribió esta magnífica novela perruna llamada Faycan, memorias de un perro vagabundo.

Juan Rodríguez Doreste, pariente del autor, que escribió el prólogo del libro que tengo en mis manos, dice que Víctor era un hombre brillante, que inventaba juegos de palabras inteligentes y entraba en magníficos soliloquios donde mostraba su aguzado ingenio, pero que terminó por dilapidar su vida, nunca tuvo voluntad para continuar con sus proyectos y que solía vérselo a altas horas de la madrugada en compañía de amigos por el Parque de Santa Catalina. Murió en 1966 en Las Palmas.

El autor definía a Faycan, Memorias de un perro vagabundo, como una fábula tataranieta de las Fábulas de Esopo. Faycan cuenta su vida cuando está por morir, viejo y cansado. Recuerda el grupo de sus amigos que corrían en torno al Mercado de Vegueta, subiendo por el barranco de Guiniguada a ver la bajada violenta de las aguas cuando había tormenta. El grupo caza gatos y conejos y roba comida en las tabernas cercanas del mercado. Todos ellos reivindican la vida callejera. No quieren someterse a un amo que los ligue con cadena y a quien tengan que lamer su mano.

La preocupación de Faycan es saber quién fue su padre. Un día consigue visitar a Cicerón, un perro anciano y sabio. Este le dice que es auténtico descendiente de raza canaria y, para comprobarlo, le invita a ver los perros de bronce de la Plaza de Santa Ana, frente a la Catedral El autor otorga nombres guanches a cada uno de estos perros. Cicerón explica que se resistieron a someterse al dominio español en la conquista y se convirtieron en bronce para mantener su libertad. Uno de ellos es Faycan. Así nuestro protagonista queda convencido de que es auténticamente canario.

La historia está contada con enorme ternura, hay una sabiduría en el narrador canino para entender a los otros perros y a los hombres. Vemos los movimientos en torno al Puente de Piedra y al Puente de Madera que enlazaban la ciudad antigua con la nueva. Sabemos que la vida hacia la calle Triana era muy urbana a diferencia de vida en la otra margen del barranco. En definitiva la novela nos sirve como descripción muy ajustada de la vida de Las Palmas en la década de los 40 del siglo pasado. Aunque la breve novela se configura como una fábula, adopta tintes de leyenda y su narrador sea un can, la obra no es solo para niños. Los adultos que entren en ella la leerán con entusiasmo y comprenderán mejor la condición humana en muchas de sus facetas.

Facebook: Rubén Mettini

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3 comentarios

  1. Se lo recomendé a Fabio Carreiro pero sufrió mucho con las penurias del perro. A mí me pareció una vida de aventuras típica de los años 40, cuando la vida no era fácil ni para individuos/as, ni para perros. Gracias por tu comentario, Macuflores.

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