Josefa Molina – Ne me quitte pas

Ne me quitte pas

Pareja bajo la lluvia 2

Ne me quitte pas, ne me quitte pas…repetía la voz lánguida y suave que sonaba en francés en el pequeño aparato de música situado sobre la mesilla de noche. No conocía el idioma así que era incapaz de entender qué decía la letra de la canción, lo que no evitaba que se dejara arrastrar por la tristeza. Casi era capaz de sentir en su propia piel la desolación del cantante que pedía no ser abandonado.

Observaba tras el cristal la lluvia que caía rítmica sobre la ciudad. Frente a sus ojos, una pareja caminaba sin prisas resguardados bajo el arcoiris de un paraguas negro con el que no sólo se refugiaban de la lluvia sino también de las miradas curiosas. El agua descendía calle abajo cada vez con mayor fuerza, empapando los pies de la pareja, que buscó refugio bajo el saliente de un balcón. Allí, el paraguas les brindó el rincón necesario para ocultar a los ojos ajenos cómo sus cuerpos se unían en un abrazo.

Desde su ventana, intuyó la calidez húmeda de aquellos labios fundidos en un beso. Contempló el paraguas con cierta envidia y con mucha tristeza. También ella había caminado bajo la lluvia abrazada a un hombre, también ella besó con pasión bajo un balcón en un día de lluvia.

Hubiera dado lo que fuera por volver a sentir cómo su piel se erizaba, cómo su cuerpo se excitaba, cómo sus senos se ponían tensos por el deseo bajo cualquier paraguas, bajo cualquier un balcón, bajo cualquier lluvia. Pero la vida se le iba. Para ella, sólo existía la oportunidad de los recuerdos. Cerró los ojos en un intento de escabullirse de su realidad sin poder evitar que una lágrima solitaria escapara mejilla abajo.

¿Ves, madre, cómo no debes escuchar esa canción?…Siempre te pone triste’ oyó que le decía una suave voz detrás de ella, la misma que le susurraba al oído que tenía que descansar y que llamaba a la enfermera para que ayudara a colocarla nuevamente sobre la cama articulada.

Aunque lo intentó, de su boca atrofiada por el agresivo cáncer que invadía desde hacía meses su cuerpo, no salieron las palabras necesarias para explicar que no era la canción ni la melancolía de la música, que era saber que no habrían más abrazos bajo la lluvia para ella, que no habría más besos. Era la certeza del fin que se aproxima. De su fin.

Continuó con los ojos cerrados mientras sentía cómo cuatro brazos la alzaban de la silla de ruedas para tumbarla sobre el lecho de sábanas ásperas y frías. Apretó los ojos con más fuerza en un intento desesperado por fijar en la mente la escena de aquel último abrazo, de aquel beso final.

Je te parlerai de ces amants-là qui ont vu deux fois leurs cœurs s’embraser… Ne me quitte pas, ne me quitte pas, ne me quitte pas, continuaba la canción sonando levemente en la habitación.

No me abandones, no me abandones, repetía mientras, en silencio, se entregaba a lo único que le quedaba: sus recuerdos.

Facebook: Josefa Molina

‘Ne me quitte pas’, de Jacques Brel

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2 comentarios

    • Muchas gracias, Andrea. Melancolía y tristeza, sí, y si eso es lo que te he logrado de transmitir a través de la lectura del relato, ¡objetivo logrado!, je, ahora bien, nada de tristezas, ¿eh? Muchas gracias por tu comentario y besos muchos, muchos.

      Le gusta a 1 persona

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