‘Herida’ de Alberto Omar Walls
Una reseña de Rubén Mettini
Resulta difícil escribir sobre Alberto Omar Walls sin que me venga a la memoria su cuerpo fornido, su enorme presencia y su voz potente como un trueno, una voz que permite entender que el escritor pisó muchos escenarios. Lo conocí en mis primeros años en Tenerife, pero recuerdo especialmente una lectura en el Museo Poeta Domingo Rivero, en Las Palmas, acompañado al piano por la uruguaya Blanca Brescia, cuando cantaba canciones con su voz robusta, a una hora en que ya querían cerrar las puertas del museo.
Daniel María escribió un extenso prefacio al libro que reseño (Lastura Ediciones. 2025). El magnífico prefacio me permite reconstruir la polifacética obra del autor. Alberto Omar, además de su trayectoria literaria, escribió poesía, trabajó el ensayo y el artículo periodístico, elaboró guiones para radio, cine y televisión. Pero su mayor pasión fue el teatro. No solo creó diversas obras, sino que brilló, a finales de la década del 60, con montajes de Bertold Brecht, Ionesco, Arrabal y Artaud, representados en el Paraninfo de la Universidad de La Laguna.
Descubrí la obra del autor en 2015 al leer La sombra y la tortuga, una reunión de relatos donde la acción se traslada a las Islas Canarias del siglo XVII, para mostrarnos la vida de un hombre que comienza siendo esclavo y luego consigue la libertad. La aventura lectora, como con toda obra de Alberto Omar, consiste en sumergirse en su prosa barroca, llena de luminiscencias y brillos, donde la palabra centellea y siempre nos deslumbra.
En el año 24 leí su libro Narrador de sombras, para seguir fascinándome con su prosa. Aquí, el narrador es un delegado de la Muerte y el texto configura una crítica a los sentidos por la limitación que suponen para el ser humano. La historia le permite al autor adentrarse en sus temas favoritos como la telepatía, la memoria de vidas anteriores, la reencarnación y las comunicaciones después de la muerte. Alberto Omar exige una entrega absoluta del lector, una inmersión total en su prosa, como en una prueba de apnea. Podemos disentir, pero no dejaremos de admirar su escritura.
Herida, la novela que ahora nos ocupa, muestra la enorme libertad que siempre exhibe el autor en sus obras. La novela abarca tres épocas y, además, utiliza recursos narrativos diferentes: la primera persona usada por el protagonista, los diálogos introducidos sin marcas visibles y, especialmente, el guion de una película que se está filmando.
La trama se pone acción en el 2020 cuando Alejandro, un coreógrafo afincado en París, visita la casa de su padre en la playa en Tenerife y recuerda los hechos ocurridos en 1980. Alejandro ronda los 60 años en aquel momento en que comienza la pandemia y debe quedarse en la isla, pues las funciones de ballet han sido suspendidas. Además, su padre ha muerto y, en la herencia, la casa de la playa pasará a ser propiedad del coreógrafo.
En 1980, el padre del protagonista está filmando una película sobre la muerte de un homosexual en los años 50. Alejandro, de 20 años, se trasladó a la isla para filmar una escena onírica de danza en la película. El film hace referencia a la Colonia Agrícola Penitenciaria de Tefía, en Puerto del Rosario. La colonia se construyó en 1954 para albergar a los homosexuales condenados bajo la Ley de Vagos y Maleantes. El campo de trabajo de Fuerteventura funcionó entre 1954 y 1966. Allí estuvieron detenidos más de un centenar de reclusos. Gran parte de la novela está construida como el guion de esa película que filma el padre de Alejandro y con los entresijos de los actores y actrices que participan en la filmación.
Para la película ha sido contratado Ernesto que, por la enfermedad de su abuelo, está trabajando temporalmente como cabrero. El rebaño de cabras deberá aparecer en el film. El cabrero, unos cuantos años mayor, se ofrece a Alejandro para llevarlo por la isla de Tenerife. A partir de ese momento, se establece una amistad que acabará en un amor profundo entre los dos jóvenes. Compartirán viajes, charlas profundas, y, naturalmente, también reflexiones sobre el amor que sienten, reprimido por la sociedad en que viven. Para Alejandro, la amistad será su iniciación sexual y amorosa. Le resultará difícil renunciar a ella.
En este poético fragmento, Ernesto intenta mostrarle a Alejandro cómo es su amor:
«Te amo sin esperar nada a cambio, sin nada que guardar, ocultar o defender, ni dañar. Te amo sin querer luchar demasiado, lo justo, lo necesario para no romper el silencio del milagro de poseer el don de poder amarte…»
La relación de los jóvenes le permitirá a Alberto Omar desarrollar sus ideas sobre el platonismo, ese paso necesario desde la atracción por belleza del cuerpo a la contemplación de la belleza de las almas, hasta alcanzar la belleza en sí misma, inmutable y eterna.
Una huella que fue apareciendo en todo lo que leí del autor es un misticismo claro, expresado a través de vías diferentes: la filosofía oriental, la meditación, el esoterismo… Por ese motivo el tiempo no tiene demasiado importancia, las épocas se superponen y se reúnen. Nos da la impresión de que Alberto Omar mira las vicisitudes humanas desde lo alto, más alto que las nubes, sin utilizar los ojos, observando la realidad desde la cima del espíritu.
Alberto Omar Walls nació en Tenerife en 1943. Como dice en la solapa de Herida, su obra ha recibido la casi totalidad de los premios literarios y es una de las figuras literarias más importantes de Canarias. A pesar de todo, creo que nunca tuvo el reconocimiento que se merece. Recomiendo dejarse llevar por esta novela y, con su lectura, entender diferentes etapas de la historia de Canarias.

