Luis León Barreto – Regina puesta en pie

Regina puesta en pie       

-Yo soy casi igual a Frida Khalo -explicaba a quien quisiera escuchar su historia.

Se refería a que había padecido un terrible accidente que le dejó secuelas pero tenía coraje y afán de supervivencia, y eso la salvó después de las terribles circunstancias.

-Lo que pasó fue tan grave que me dieron por muerta. En la unidad de cuidados intensivos estuve mucho tiempo, pero al final fue como si resucitara. Gracias a Dios y a la Virgen santísima, aquí estoy.

Aquel lejano día creyó que se iba, pero con su determinación logró superarlo. También pudo ayudar el hecho de que fuera una persona con mucha fe, pues una ayudita de los entes superiores siempre puede ser importante. Y el mastodonte que se le vino encima en plena cuesta no terminó con su vida, aunque dejó para chatarra su modesto coche.

Perdió los frenos, eso se dijo. Un guagua vieja, aunque hubiera pasado la ITV tenían que haberla sustituido hace tiempo. Pudiera ser también que el conductor estuviera escaso de reflejos porque así lo determinó el análisis de alcoholemia. Eran las fiestas patronales, la gente animada de día y de noche con las carrozas, la procesión y las verbenas, toda la comarca puesta en pie.

El grave accidente, cuando Frida tenía 18 años, fracturó su columna vertebral en tres partes, pelvis, costillas, clavícula, hombro izquierdo y le produjo once fracturas en la pierna derecha, además de ser atravesada por un pasamanos. Esto le causó dolor crónico, más de 32 operaciones y la obligó a usar corsés. Pero todo este infierno de intenso sufrimiento marcó el inicio de su carrera artística.

Padeció fractura de columna vertebral en la zona lumbar y rotura de la pelvis en tres puntos. Un pasamanos de hierro atravesó su cadera izquierda y salió por la vagina, lo que causó daños profundos y le impidió ser madre. También tuvo una fractura de la pierna derecha en once partes, dislocación de tobillos y hombro izquierdo. Como consecuencia de todo ello, fue necesario el uso de corsés de yeso y acero para inmovilizarla.

Este acontecimiento cambió su vida, transformando a la joven que quería estudiar medicina en una pintora que plasmó su dolor físico y emocional, una referencia para todo el universo.

Las heridas de Regina no fueron tan graves como las de la mexicana, y en el tiempo transcurrido la medicina había logrado progresos.

Por eso aquel accidente no iba a terminar con ella, eso nunca. Tras muchas sesiones de rehabilitación, consiguió dar pasos más allá de la silla de ruedas. Fue una labor lenta, persistente. Pero se salió con la suya.

Por suerte no tuvieron que cortarle las piernas, que eso sí habría sido grave. Aunque aquello fue lo primero que apuntaron los médicos cuando lograron extraerla del amasijo de metal. Pero se equivocaron.

Y, con paciencia y mucha determinación, pronto dominó las muletas. Como era todavía joven y guapa, consiguió más de un novio y se ganó el respeto de todo el barrio.

Obtuvo una modesta indemnización tras la investigación de los tribunales y con mucho esfuerzo comenzó a desarrollar sus inquietudes artísticas. Se apuntó a cursos de cerámica y con el dinero que le habían dado logró comprarse un horno para preparar las creaciones que iba exponiendo en las fiestas patronales.

Consiguió el carnet de artesana, y decidió no guardar rabia contra Arvelo, el guagüero que la había dejado casi inútil. El que perdió el trabajo por aquel grave incidente, por su falta de control.

-Todos tenemos derecho a salir adelante –repetía ante quienes la conocían.

Y ella logró sobrevivir con todas sus facultades de mujer.

Su novio de toda la vida no la abandonó.

Podía confiar en él, y acabaron casándose.

Su espíritu de lucha era tan grande que, después de varias intentonas, al fin pudo ser madre.

Entonces se sintió renacer.

Dominó la composición con los esmaltes en sus trabajos, que ganaron fama en las ferias de los pueblos.

Al cabo del tiempo, se convirtió en presidenta de la asociación de artesanos. Perfeccionó sus técnicas, y logró hacer exposiciones con sus trabajos. Que tenían buena demanda, siempre había gente dispuesta a comprarlos.

Estaba contenta consigo misma, y con todas las personas que la ayudaron en los cruces del camino.

-Hay que tener mucha voluntad -decía a quien la quisiera escuchar.

Luis León Barreto

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