Sasa Sosa – Apropiación indebida

Apropiación indebida

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Si no hubiera sido un escritor tan famoso no se habría preocupado tanto, pero que fuera precisamente uno de los más premiados del presente siglo, volvía el asunto mucho más complicado. Por eso se sorprendió tanto cuando leyendo su obra más reciente, descubrió que todo aquello ella ya lo había imaginado y que, además, iba a ser la mejor parte de su futuro libro. Hasta ahora no había leído nada suyo, así que no podía ser por una jugada de la inconsciencia que va de lo ajeno a lo propio borrando límites e intercambiando posesiones. Le había copiado la idea.

A la sorpresa inicial le siguió una tremenda irritación, porque sabía que el hecho de que alguien hubiera copiado una idea suya que aún no había escrito, era difícil de creer. Se imaginó a sí misma iniciando una batalla legal cegada por la certeza de que la idea era inicialmente suya, convenciendo a un abogado lo suficientemente atrevido y atontado como para considerar la posibilidad de una autoría mental que prevaleciera sobre una fáctica o de hecho. Buena parte del trayecto en coche lo pasó intentando argumentar a su letrado esos pensamientos, hasta que, agotada, pensó que no merecía la pena y que tal vez podría cambiar la estructura de la idea, de manera que no fuera demasiado evidente que tan ilustre escritor la había copiado.

Cuando llegó a su casa fue directamente al ordenador con la intención de modificar lo que fuera necesario, pero le fue imposible cambiar nada. Cada palabra había sido colocada en su lugar natural, cuidando siempre de sus acompañantes; ninguna posibilidad de cambiar una sola frase, imposible. Esto demostraba una cosa: que ella era tan buena escritora como él, porque había concebido lo mismo aunque un poco más tarde y por tanto, la diferencia entre él y ella era únicamente eventual, así que los premios ya llegarían con el tiempo. ¿Escribir al editor del célebre escritor y contarle lo ocurrido? ¿decirle que el libro que pensabas escribir es el que él acaba de publicar, que tú nunca dices mentiras y que si se le ocurre alguna solución? Mejor no.

Entonces hizo lo que hacía siempre que tenía dudas, se fue al baño y se miró en el espejo. Ahí se reconoció, no le quedó más remedio que hacerlo, porque no hay mayor delator que unos ojos que se miran, fijos, buscándose. La mayoría de la gente cree que el espejo refleja solo cualquier cosa que se le enfrente, pero a veces también devuelve lo que esa cosa ES. Ojalá le pasara a todo el mundo, así se iría a la mierda ese consuelo idiota de que la belleza está en el interior. Se miró desde las arrugas y sintió vergüenza; una mujer de su edad… se obligó a decirse, a asumirse y a reconocerse esa tendencia a creer que estaba creando cuando en realidad lo único que hacía era copiar. Tuvo que aceptar que aquella genialidad era en realidad una falsificación más, otro fusilamiento a su creatividad, y retiró la denuncia.

Supongo que cada día se retiran cientos de querellas, así que mi enhorabuena a los premiados, pero mucho ojo con lo que escriben, que igual están plagiando a un futuro escritor y los espejos no siempre reflejan lo que es.

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