En recuerdo de Manuel Díaz Martínez, en su cumpleaños
La autopía que nunca fue real
Qué fácil te resultaba expresar sentimientos,
tropezar con los recuerdos que te asaltaban
con afecto y timidez, mientras el humo del cigarro
consumía el exilio y la pérdida. La Arcadia feliz.
La utopía que nunca fue real.
Lleno de vida, te refugiaste con ilustres paisanos,
combatiste por tus ideas para no inventarte tantas cosas
en ese invisible que perturba el miedo y el porvenir.
Redime los hombres libres.
Recuerdo que te gustaba celebrar lo sagrado:
el tiempo vivido y la dicha con Ofelia,
siempre presente en las ausencias,
y lo hacías tan bajito y tan cerca
que parecía una confidencia amorosa.
Un homenaje a tu infancia, la familia, el arroz
los frijoles negros, la patria cubana, la vida,
la nostalgia de los exilios.
Todo lo que había dentro de ti.
Recuerdo que tenías la costumbre de asomarte
al balcón, contemplar las máscaras trágicas del cielo,
embriagarte en el flujo y el reflujo desgranando tu dolor,
Y, solo entonces, cuando volviste a la cama y escuchaste
el latido del reloj divino, aceptaste el requisito de la muerte,
el retorno a los brazos abiertos de Ofelia.