Marlenis Castellanos – La vida a retazos

La vida a retazos

Su vida se había transformado en retazos, hilvanados torpemente sobre vastos espacios vacíos.

Había pasado de una existencia ordenada, tranquila y casi bucólica —que tanto amaba— a una realidad fragmentada, incierta, como si alguien hubiera empezado a desarmarla, pieza por pieza.

Su casa se alzaba frente a un lago hermoso y apacible, donde solía pescar en verano. Allí, su familia disfrutaba de largas barbacoas al aire libre, hasta el punto de que las otras estaciones del año se volvieron borrosas, casi inexistentes.

Olvidar los inviernos y los otoños —que siempre le entristecían— fue la primera grieta. Un detalle mínimo, pero inquietante. Luego vinieron los otros.

Sus hijos desaparecían durante horas —a veces días— y regresaban sin dar explicaciones. Lo aceptaba: eran adolescentes. Pero lo de su mujer era distinto. Se ausentaba por largos períodos y, al volver, retomaba la vida familiar con una naturalidad perturbadora, como si el tiempo no hubiera transcurrido. Nadie decía nada. Nadie parecía notarlo.

La inquietud se volvió angustia el día en que el lago amaneció seco. Donde antes brillaba el agua, solo quedaba un enorme boquete, oscuro, desolado, como una herida abierta en el paisaje.

Después vino lo peor.

Comenzó a notar su propio deterioro: extraviaba sus zapatos, su ropa… pequeños olvidos, pequeñas pérdidas. Hasta que una mañana despertó sin brazos. El terror lo paralizó. Pero fue solo un sueño, o eso creyó, porque al instante siguiente su cuerpo estaba completo, intacto, perfecto.

O eso parecía.

Su vida era un imposible: piezas que aparecían y desaparecían sin lógica, sin aviso. No solo los objetos, no solo los lugares… también su propio cuerpo, su propia existencia.

Con el tiempo, terminó por acostumbrarse a esa forma de locura silenciosa que solo él percibía, a ese mundo que se deshacía sin testigos.

Hasta que el niño de la casa, aburrido durante las vacaciones de verano, se cansó de armar y desarmar el viejo rompecabezas que le habían regalado.

Y entonces, simplemente, dejaron de encajar las piezas.

Marlenis Castellanos

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