FOTO-RELATO La maleta

La maleta

Tarde de agosto. Cielo vestido de gris del que caen tímidamente algunas gotas. Por las aceras de la ciudad caminan distintas personas. Las observo: una feliz pareja que empuja el carrito de un bebé, una mujer mayor con bolsas de productos frescos, una perfecta familia de turistas con cuerpos escultóricos y dos niños rubios de película, dos amigas que se dirigen al gimnasio para intentar evitar en sus cuerpos el paso del tiempo y el efecto de la ley de la gravedad, y un hombre, con una maleta.

Un viaje, quizá por placer o por negocios, un destino idílico con playas paradisíacas, la visita a una capital cultural para saborear los museos, la arquitectura de las calles, la historia…, el viaje a un centro de negocios… Una maleta cargada con la última moda, con las marcas de las mejores firmas, con ropa cómoda, llena de bañadores de alegres tonalidades…

Cierro los ojos. Al abrirlos me reflejo en el escaparate en el que me he parado unos minutos antes. Ese hombre de la maleta soy yo y en ella podrían ir mis sueños, aquellos con los que desde lejos llegué hace algún tiempo a esta isla de contrastes, en la que se mezclan culturas, en la que la riqueza está en sus paisajes, en el mar y en las montañas, en sus gentes, en la diversidad… En esa maleta no hay bañadores de alegres tonalidades, ropa cómoda o la última moda… Hay algunos sombreros, gafas de sol y toallas de variados colores con dibujos que me recuerdan a mi tierra.

Es hora de abrirla, de buscar un lugar sobre cualquier acera.

Carmen Quesada

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